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A pie para que no nos pille el tren

Un trazado virtual. El kilómetro 1 de la alta velocidad en Ipar Euskal Herria. Un trazado real. Kilómetro 0 en el puente en que se abrazan Lapurdi y Gipuzkoa.

GARA. Maite Ubiria. Periodista

Los caminos de esta marcha ciudadana se encuentran para dibujar un universo de gentes que han llegado por razones diferentes y hasta contradictorias a un punto de encuentro.

Los grandes electos han desconectado de esta pelea de hormigas, de miles de hormigas, de gentes dispuestas a desgastar suela para poner freno a un proyecto que responde a un modelo en crisis, de movilidad frenética, que poco concuerda con las necesidades de desarrollo social de un territorio sobrecargado.

Los alcaldes disputan una suerte de subasta. Uno reclama una estación, aunque en un trazado de continuidad europea Baiona no sea parada obligada. Otro saca a relucir la aspiración a una intermodal. Que Irun no sea menos que Abando.

Mientras, la línea Baiona-Garazi se ha podrido y el proyecto de Topo hasta Baiona reposa en un cajón. Hace diez años dibujaron su trazado imaginario en el libro blanco de la Eurociudad. Una década después el tren pequeño sólo alcanza a enlazar Donostia con Hendaia.

La carretera se ha impuesto como solución por los mismos gestores que ahora predican en verde para defender como alternativa la construcción de un nuevo y costoso trazado de TGV.

El itinerario oficial se dibuja en planos que trazan con aparente asepsia la promesa de infligir una herida profunda a un espacio natural y humano sometido a demasiados excesos.

El trazado social no siempre se dibuja en trazos firmes, en líneas exigentes. Es un itinerario que serpentea, que no desprecia los matices, que escucha las voces que habitan esta tierra.

El movimiento contra la alta velocidad palpita con el contraste y con la diferencia. No responde a decisiones adoptadas a miles de kilómetros, sino al sentir más cercano. Las asociaciones que trabajan para parar un proyecto que en nombre de los pactos entre estados da la espalda a la solidaridad territorial tienen un rostro multiforme.

Veteranos comparten con jóvenes la pintada y el cartel, firmes valedores de la República marchan junto a militantes que tratan de que Euskal Herria ocupe su lugar en la cartografía política. Y esa fuerza, que camina a pie, no la para un tren.

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