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Respuesta a Aralar en torno al TAV

Hace pocos días, dos miembros de la ejecutiva del partido político Aralar dieron a conocer su desacuerdo respecto a las críticas que ha recibido su formación por parte de la coordinadora opositora al Tren de Alta Velocidad AHT gelditu! Elkarlana. En sustancia, dichas críticas se centran en el hecho de que Aralar ha propuesto que se creen mesas interinstitucionales para “minimizar” los impactos del TAV, propuesta que ya ha sido aceptada por las Juntas Generales de Gipuzkoa. Para AHT gelditu! Elkarlana, esta postura es peligrosa porque entiende que contribuye a legitimar el proyecto del TAV, y que desplaza del debate del “TAV sí/TAV no” hacia una pendiente peligrosa: “cómo debe hacerse este TAV”.

Por desgracia, en su respuesta a la acusación pública de Elkarlana, los representantes de Aralar incurren en medias verdades o falsedades que conviene denunciar. En primer lugar, aseguran que su partido siempre ha estado en contra del TAV. A ello habría que replicar que eso sólo es cierto –en el mejor de los casos– para algunas federaciones, pero desde luego no en el caso de Navarra, donde NaBai, coalición a la que pertenence Aralar, se ha mostrado partidaria una y otra vez del TAV; aparte de que Patxi Zabaleta ha mostrado en más de una ocasión su apoyo a esta infraestructura. Pero también hay que señalar que el compromiso de Aralar contra el TAV ha sido siempre meramente retórico, ya que hace años que esta formación no participa en las actividades de la coordinaroa, salvo en aquellos momentos en que hay oportunidad de salir en la foto (manifestaciones nacionales y demás). Ni siquiera pueden echarle la culpa a ETA, pues, de hecho, Aralar dio la espalda a la lucha anti-TAV mucho antes de que ETA dijera nada al respecto, o incluso de que las obras se extendieran por la geografía vasca.

Por otro lado, nos dicen que el avance de las obras deja a los afectados en una situación muy delicada, puesto que no existe ninguna institución a la que dirigirse para que se atiendan los múltiples y graves problemas que generan las obras del TAV. Eso es innegable. Pero el planteamiento es totalmente equivocado. Aralar ya debería saber que, debido a la intoxicación permanente en torno al conflicto del TAV, cada “medida” que se adopte para paliar las afecciones del TAV contará con un seguimiento mediático mucho más apabullante que el de los propios impactos. Un ejemplo de esto lo tenemos en el diario Deia, que ha publicado el escrito de Aralar del que hablamos, aunque este periódico se haya destacado por hacer caso omiso sistemáticamente de la lucha contra el TAV.

Aralar dice que proponer medidas que mitiguen el daño de las obras no conlleva aceptar la infraestructura. Para respaldar esa tesis, ponen como ejemplo su actitud frente a la incomunicación: pedir que se suprime esta medida que garantiza la impunidad policial no conlleva aceptar la legislación española. En este sentido concreto, tal vez sea cierto. Pero presentarse a unas elecciones como si hubiera una normalidad absoluta cuando la policía prohíbe la igualdad de oportunidades es una aceptación de hecho de las ilegalizaciones. Es decir, no se puede juzgar la postura de una formación por una medida concreta, sino por el conjunto de sus planteamientos, y si hacemos un balance de la actividad de Aralar respecto al TAV, el resultado es claramente decepcionante.

Obviamente, este partido pretende presentarse como abogado de los intereses de los afectados del TAV, aunque para ello una consecuencia directa será que el discurso y la práctica de la oposición frontal a la “Y vasca” se volverá más incomprensible allá donde las obras están avanzadas, pues esta postura parecerá “poco realista” frente a negociacionismo de los partidarios del “mal menor”.

Es inegable que la de Aralar no es la única maniobra oportunista que se ha producido por intereses politiqueros en este asunto. A nivel local, otros municipios de los que cabía esperar un nivel de compromiso más serio han preferido abandonar la lucha y, peor aún, empezar a colaborar con el Ministerio de Fomento. Ahora bien, esto no reduce la responsabilidad especial que tiene Aralar como organización con implantación a nivel nacional que claudica en esta lucha, ni su culpabilidad a la hora de erosionar la legitimidad de la oposición al TAV.

 Javier Rodríguez Hidalgo, miembro de la Asamblea contra el TAV

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