El TAV, Trebiñu y las minorías mayoritarias

GARA. Iritzia. Javi Ruiz Activista social

Tenemos aquí un conflicto entre dos formas de entender la toma de decisiones que no es nuevo, que nunca se ha querido afrontar y que surge repetidamente

En torno a la implantación del Tren de Alta Velocidad (TAV) se ha generado un conflicto social, económico, político, cultural que está dejado al descubierto las vergüenzas de este denominado sistema democrático.

La oposición mayoritaria de la población del entorno rural de su trazado es más que evidente. Además del peso que esta oposición pueda tener en las ciudades.

Frente a esa evidencia, los argumentos de quienes promueven y defienden el proyecto se basan en eso del objetivo estratégico, del respaldo mayoritario conseguido en las urnas cuatrienales, de sus programas electorales, de las «sinergias» económicas de este tipo de proyectos.

La mayoría, en las poblaciones afectadas por el trazado, que rechaza el proyecto defiende que ningún proyecto es tan estratégico como el de sus propias formas de vida, de trabajo, de movilidad.

Tenemos aquí un conflicto entre dos formas de entender la toma de decisiones que no es nuevo, que nunca se ha querido afrontar y que surge repetidamente, sólo que en algunos momentos alcanza notoriedad, como en el caso del TAV.

Ocurrió también en Trebiñu cuando se desarrolló la Consulta Popular del 8 de marzo de 1998. La mayoría de la población trebiñesa que pudo participar en esa Consulta optó por una decisión que, según quienes gobernaban en Burgos, en Castilla, en Madrid, no correspondía tomar a la población afectada.

Los argumentos de quienes ostentan gobierno defendiendo el TAV como objetivo estratégico por encima de la población directamente afectada, vienen a dar la razón a quienes ostentan gobierno en Burgos, Castilla, Madrid en relación al contencioso trebiñés.

Pero no sólo eso. Se pegan patadas en su propio trasero porque es el mismo tipo de argumentación del Gobierno del Reino de España para rechazar posibles consultas en el territorio del TAV sobre otras cuestiones territoriales o soberanas.

En alto las espadas de las mayorías minoritarias y de las minorías mayoritarias. A todas luces tienen las de ganar las mayorías minoritarias porque para eso tienen toda la infraestructura violenta de los poderes.

Pero si ganan, lo harán de nuevo sin convencer, con muchos daños, como siempre.

Deberían tener presente que ahora están en contra las mayorías de las poblaciones rurales del trazado del TAV porque lo han visto en forma real, pero que dentro de poco tiempo también tendrán en contra a muchas personas de las ciudades, que hoy ven el proyecto de una forma virtual y que cuando se enteren de cómo les afecta a su barrio, en su desplazamiento, en su parque, en sus formas de vida pondrán el grito en el cielo.

Más mayorías minoritarias que quizás no tengan la oportunidad de enterarse de los entresijos del proyecto o de participar en la toma de decisiones sobre el mismo, porque hasta para conseguir esa información se argumenta que es objetivo estratégico. Como en tiempos de guerra o en los estados de excepción. Impiden hasta la información cabal del proyecto, que es requisito esencial para una óptima toma de decisión.

En todo el mundo las mayorías minoritarias padecemos las imposiciones de las mayorías minoritarias. Esto no debería servirnos de consuelo, sino de acicate para que deje de ser así. Entre otras cosas para poder salir de la duda de si las mayorías minoritarias son en realidad minoría.

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