Paralizemos del Tren de Alta Velocidad

(Texto leido al finalizar la marcha en bicicleta "Herriz Herri, AHTrik EZ!, en Bilbo) A las personas que durante siete días hemos participado, de una manera u otra, en la marcha "Herriz herri AHTrik Ez!", que ha visitado los pueblos y valles que cruzaría el trazado del TAV, nos han obligado a realizar una vez más un viaje que quizás de otra manera no hubiéramos realizado. La lista de viajes obligados va en aumento. Las instituciones, con sus "Estrategias de Sostenibilidad" en la mano, que no en la mente, han optado claramente por interpretar lo sostenible desde la óptica del gran capital, desde la óptica de los intereses particulares: sostener el ritmo de inversiones en proyectos de infraestructuras de todo tipo; sostener el crecimiento continuando de la movilidad, aunque sólo sea por mover; sostener el impacto ambiental, cultural y socio-económico de estos proyectos; sostener el desequilibrio territorial en nuestro país. En definitiva, pretenden con sus actuaciones sostener lo insostenible. Y lo saben, pero esa es su apuesta. Apuesta inaceptable para nosotras y nosotros. Las inversiones y políticas de la administración nos obligan a movernos continuamente. No podemos permanecer quietos ante un presente que nos conduce a un futuro de mayor desigualdad social, económica y territorial. No, de ninguna manera. El macro-proyecto del Tren de Alta Velocidad es un ejemplo suficientemente claro de la prioridad otorgada por las instituciones, de aquí y de allá, al interés del gran capital por encima del interés general de la sociedad, de sus gentes y de sus pueblos, valles y comarcas. Es un proyecto cuyos principales beneficiarios son los eco–traficantes, las empresas de construcción, de obras públicas y, sobre todo, las financieras. No es un proyecto que interese a la mayoría de la población, por mucho que lo vistan de «interés general». Por cierto, qué forma tan miserable de llamar al interés particular y de saltarse «democráticamente» el poder de decisión de los municipios. Es un hecho, que las propias instituciones reconocen, que el TAV es un proyecto para «comunicar» intereses económicos y financieros, quedando Euskal Herria como un lugar de «paso», como diría el portavoz del Gobierno de Lakua. ¡Qué futuro tan desgraciado aquél de un pueblo condenado a ser lugar de paso! Condenado a depender de las mercancías y de los mercaderes que por aquí quieran pasar. Han tenido que reconocer que el Tren de Alta Velocidad no es la solución a los problemas de comunicación que tiene su propia población. Y está claro que el proyecto TAV acaparará muchos fondos públicos que podrían emplearse de una manera mucho más social y útil para toda la población de Euskal Herria: reduciendo la movilidad en lugar de aumentarla; aumentando a su vez la accesibilidad a servicios básicos locales en vez de dificultarla; vertebrando el territorio de manera que tenga pueblos, barrios, valles y comarcas vivas; mejorando el transporte público existente para cubrir las necesidades de las personas. La oposición al TAV es la oposición a un presente insostenible que nos conduce a un futuro insostenible. Oponerse al TAV es defender la necesidad de un cambio estructural, profundo, en el actual modelo socio-territorial y socio-económico. Un cambio que nos conduzca hacia un futuro sostenible que realmente merezca ese nombre. La marcha que ahora ha terminado ha atravesado más de 40 pueblos que se verían cortados por la barrera del TAV, con sus barrios, con sus gentes, con sus valles, con sus identidades. Hemos llevado nuestras razones para oponerse al Tren de Alta Velocidad, para rebelarse ante el «interés general» de algunos, para apostar por un desarrollo más cercano a las personas y, sobre todo, para que sean éstas las que decidan qué futuro quieren para el territorio que ocupan. La marcha "Herriz herri AHTrik Ez!" ha acabado, no la necesidad de seguir moviéndose. AHT GELDITU! Elkarlana

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