¿Dejaremos que den al traste con la tierra de contrastes?

Navarra es una tierra rica y afortunada, con hermosos y variados entornos naturales. Ríos, montes, valles, bosques, vaguadas, acuíferos, foces, gargantas, y un sinfín de parajes de ensueño dan cobijo a la biodiversidad imprescindible para la vida. Los diversos paisajes salpican el territorio y éste configura un carácter al lugar y a las personas que en él viven. La Rivera, Aralar, la Sakana, Gares, Valdorba, Lizarraldea, Tafallaldea, Baztán, Erro, Leiza, el Pirineo, Iruñerria y los valles de Lónguida y Arce entre otros, forman un conjunto natural lleno de contrastes que tiene su reflejo en la gran variedad cultural y lingüstica de Nafarroa.

Parece sin embargo que los empresarios y los políticos, cegados por su codicia, son incapaces de valorar la riqueza cultural, natural y lingüstica de nuestra tierra. Los proyectos de infraestructura que diseñan y ejecutan para Navarra ponen en serio peligro enclaves que son fruto del diálogo entre las mujeres, los hombres y el entorno natural. La autopista eléctrica, el Tren de Alta Velocidal, el pantano de Itoiz y Canal de Navarra, el proyecto especulativo de Aroztegia, la autovia transpirenaica, el polígono de tiro de las Bardenas, la incineradora de Olazti, los cultivos transgénicos, la cantera de Zilbeti y el parque eólico de Leitza, entre otros, contribuyen a la fragmentación del territorio, creación del efecto barrera, deforestación, desertificación, contaminación ambiental y electromagnética y a la ruptura de los corredores naturales de flora y fauna. En palabras de Ramón Fernández Durán, arrancan a Navarra su Primera Piel, la cubierta vegetal, para sustituirla por la metrópoli.

¿Y qué ofrecen a Navarra a cambio?

Hablan de crecimiento económico ilimitado. Esto, ya lo dijo el Club de Roma, es imposible en un planeta de recursos limitados. Hablan también de mejorar la economía, pero el Estado europeo que más infraestructuras de transporte en construcción tiene es el Español, que a la vez es uno de los de mayor índice de desempleo. Además, en los proyectos de infraestructura que se venden como de interés público se subestiman conscientemente los costes para hacerlos más vendibles al público. Luego los costes se disparan en su ejecución concentrando y aumentando beneficios espectaculares para las grandes constructoras y creando endeudamiento a las contribuyentes que pagan todo con dinero de su bolsillo. En definitiva, el TAV y las grandes infraestructuras son el máximo exponente de un modelo social en el que priman los negocios sobre las necesidades de las personas y los pueblos.

Pero cada vez más personas en Navarra nos vamos haciendo conscientes de todo esto y vamos dejando de ver cada proyecto de forma aislada para contemplarlos en su dimensión de conjunto. La lucha en defensa de la tierra es vital para la defensa de nuestros derechos colectivos, de nuestro entorno natural, y de nuestra diversidad y riqueza lingüística y cultural. Queremos construir otro modelo social y para ello unimos nuestras voces a las de los pueblos originarios y comunidades de otras partes del mundo que se resisten a la explotación de sus recursos naturales y a su desplazamiento a las grandes metrópolis. Queremos que Navarra siga siendo una tierra de contrastes, y no un feudo del monocultivo, del monólogo de la derechona y del pensamiento único.

Por ello acudiremos el 26 de junio a la manifestación que se celebrará en Iruñea como punto de encuentro de todas las respuestas ya en marcha y de partida para nuevas iniciativas.

Bea Arana

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