Las obras se inician con años de retraso

Diario Vasco.

La 'Y' vasca está llamada a ser la mayor obra pública que se ejecute en Euskadi en el siglo XXI. El tren de alta velocidad conectará las tres capitales vascas en 30-40 minutos y enlazará con el eje Oporto-Madrid-París. La red permitirá transportar pasajeros y mercancías, elemento este último importante para reducir el intenso tráfico de camiones por nuestras carreteras.

El TAV, aunque parezca broma, ya tenía que ofrecer en la actualidad al menos el mismo grado de desarrollo que la línea de alta velocidad Madrid-Barcelona. La cumbre de la UE reunida en Essen en 1994 definió cuáles eran las redes de alta velocidad prioritarias. La vasca y la catalana lograron este rango, pero lo cierto es que a día de hoy el tren de alta velocidad es una realidad entre Madrid y Tarragona. Y no solo eso, otros territorios, como Valencia o Andalucía, nos han tomado la delantera. La semana pasada se abrió el tramo Córdoba-Antequera, que en el futuro seguirá hasta Málaga. En Euskadi, doce años después de Essen, apenas se vislumbra el inicio de las obras en las cercanías de Vitoria.

La falta de consenso político ha sido la principal traba para que la 'Y' vasca no se ejecutara en los plazos previstos. Los conflictos se han producido tanto entre los gobiernos central y vasco como dentro de las propias instituciones y partidos políticos de Euskadi.

Constitucional

La falta de sintonía entre los gobiernos del PP y el Ejecutivo autónomo alcanzó su climax cuando este último intentó romper la parálisis en la que se encontraba el proyecto licitando por su cuenta dos tramos del ramal guipuzcoano (2002). Este órdago terminó en el Tribunal Constitucional en forma de un conflicto de competencias.

Este golpe de efecto del Gobierno Vasco no podía ocultar que en el seno del mismo ejecutivo existían disparidades de fondo. EB, miembro del tripartito, mantiene una oposición frontal a la 'Y' vasca, al tiempo que ha planteado un trazado alternativo.

La oposición institucional no se limitaba al Ejecutivo, también se encontraba en algunas localidades con alcaldes de Batasuna y por los que discurrirá el TAV. La influencia de la izquierda abertzale ya se dejó sentir en la primera legislatura de Ibarretxe (1998-2001). La precaria situación de su Gobierno, en minoría en el Parlamento, le llevó a suscribir un acuerdo con Euskal Herritarrok (sucesor de HB) para garantizar la aprobación de los presupuestos. Entre las contrapartidas se encontraba la paralización de la 'Y' vasca, algo nunca reconocido por el Ejecutivo pero que hizo público EH en un Pleno del Parlamento.

Además, y por si fuera poco, las cámaras de comercio plantearon sus propios recorridos. Con estos ingredientes, Euskadi se lo puso fácil al Ministerio de Fomento para que desviase las inversiones hacia otros territorios donde la alta velocidad se recibe como un maná.

La madeja se comenzó a desenredar el año pasado, cuando el PNV dio su apoyo al PSOE para la aprobación del presupuesto del Estado de 2006. El acuerdo ponía fin a las vías judiciales y clarificaba la financiación y ejecución del proyecto. El Gobierno central sufraga la totalidad del TAV, en el caso de Gipuzkoa descontando la cantidad vía Cupo. La ejecución de la obra en Vizcaya y Álava será responsabilidad del Ministerio de Fomento, mientras que en Gipuzkoa recae en la consejería de Transportes.

El Ministerio de Fomento adjudicó el martes dos tramos del tren de alta velocidad que en parte discurrirán por Leintz-Gatzaga y Eskoriatza. A su vez, ha aprobado sacar a concurso otros dos que pasarán también parcialmente por Eskoriatza y Arrasate.

Estos tramos del Alto Deba serán los únicos que construirá Fomento en Gipuzkoa. El Ejecutivo vasco, encargado de realizar la obra en este territorio, estima que los trabajos a su cargo se iniciarán en marzo en el tramo Ordizia-Itsasondo. Si todo va bien, en el 2013 la 'Y' vasca será una realidad.