Dilemas y contradicciones de la revolución bolivariana
Modesto
Emilio Guerrero
Contra la imagen predominante del proceso político
venezolano -con frecuencia excesivamente centrada en el papel de Chávez como
líder nacionalista-, Modesto Guerrero analiza en este artículo la riqueza y
radicalidad del movimiento social que alimenta la "revolución
bolivariana". Tomando ejemplos de algunas de las organizaciones y
agrupaciones que actuaron como "vanguardias" en los importantes
sucesos políticos de los últimos años, el autor analiza las tensiones de un
proceso abierto y contradictorio, pero no por ello carente de promesas.
Modesto Guerrero desarrolló una intensa actividad política y sindical en
Venezuela, su país natal, a partir de principios de la década de 1970.
Residente en Argentina desde 1993, mantiene sin embargo estrechos vínculos con
el proceso bolivariano. Como periodista y ensayista, ha publicado en
importantes medios latinoamericanos, y es autor de varios libros, entre ellos Reportaje
con la muerte (Buenos Aires, Javier Vergara, 2002) y El Mercosur (Caracas, Vadell, 2005).
La izquierda venezolana y sus "vanguardias"
sociales (o comunitarias) viven un original proceso de desarrollo en medio de
importantes transformaciones políticas, sociales y culturales. De hecho, en
los últimos años está conformándose una nueva izquierda en la matriz de
los nuevos movimientos sociales.
Es un aprendizaje novedoso y por ello altamente
contradictorio. Sus aguas bautismales fueron revolucionarias y ese es uno de
los secretos.
El acto se llamó "el Caracazo". Ocurrió en
1989 y fue "la primera insurrección nacional contra el
neoliberalismo", como la definió el escritor venezolano Luis Brito
García. El Caracazo puso en acción a masas que vivían en la inopia política. Su
primer producto fue la fractura del cuerpo institucional, incluso de las
Fuerzas Armadas, lo que aceleró la explosión de la clase media y el descalabro
del sistema gubernamental. La insurrección enseñó a los oprimidos que podían
tener confianza en sus fuerzas, conciencia que no ha desaparecido hasta hoy;
por el contrario, se potencia a cada tanto, con el riesgo de exagerar su
fuerza.
En ese tenso escenario brotó la rebelión militar de
1992, un hecho donde la acción revolucionaria contra el régimen se fundió en la
conciencia popular con el odio al gobierno, originando la paradoja de Hugo
Chávez. Un desconocido teniente coronel, inspirado nacionalista de izquierda,
convertido por los oprimidos en la personificación de un proceso
revolucionario de alto contenido social. El producto político fue el
"chavismo", o "bolivarianismo", un poderoso movimiento nacionalista
de nuevo tipo con base en fuertes organizaciones sociales que ejercen una
democracia revolucionaria inédita. Desde 1989-1992, todo en Venezuela se
define por su relación con la palabra "revolución". Se está a favor o
en contra de ella.
Cuando los de arriba no pueden y los de abajo no quieren
Las masas pobres, una franja de la clase media, parte
de los empleados estatales y los obreros venezolanos, produjeron el derrocamiento
del presidente Carlos Andrés Pérez en 1993. Inmediatamente, conquistaron la
excarcelación de Chávez y sus camaradas en 1994, y acto seguido le dieron el
voto masivo en 1995 a la Causa R, un pequeño partido laboralista de izquierda.
Ese remolino políticó condujo al irremediable triunfo electoral del chavismo
en 1998.
Pero no fueron solo votos. Todo pasó en medio del más
alto pico de luchas barriales, huelgas gremiales y movilizaciones callejeras,
algo sin parangón en la historia reciente del país. En esa "escuela"
se incubaron las principales vanguardias luchadoras de Venezuela hasta el año
200 l. Desde abril de 2002 el movimiento adquiere una nueva potencia y un grado
de conciencia superior, además de otras formas de organización. Los días 12 y
13 de abril protagonizó una acción revolucionaria espectacular al derrotar un golpe
semifascista en menos de 48 horas. Ocho meses después, hicieron fracasar con
medidas revolucionarias un saboteo golpista en la industria petrolera. En
ambos casos, los luchadores pudieron identificar la participación del gobierno
de Estados Unidos, lo que se manifestó en una conciencia antiyanqui en la
mayoría de población pobre.
Una de las conquistas más atípicas de los movimientos
venezolanos, es haberle ganado a la derecha en su terreno: ocho procesos
eleccionarios entre 1998 y julio de 2005. El más sonante y politizado fue el
Referendum Revocatorio del Mandato Presidencial, el 15 de agosto de 2004,
cuando más de un millón de activistas hicieron la mejor campaña
antiimperialista de que se tenga memoria en Venezuela.
Gradualistas y profundizadores
Estos hitos políticos significaron un continuo
enfrentamiento masivo con la derecha política del país, con sus capitalistas
organizados, con las agresiones del imperialismo y también con los sectores
proclives a la capitulación dentro del gobierno y del movimiento bolivariano.
Esas batallas ganadas mantienen una relación de fuerza interna favorable en
medio de un contexto internacional en el que el imperialismo está a la
ofensiva.
En la
movilización permanente de las masas trabajadoras y pobres urbanas (el campo
se integró a la lucha en 2002-2003) y en la determinación radical de sus
vanguardias, está la clave para comprender las tendencias más profundas de la
"revolución bolivariana". La capacidad política de estos movimientos
para recrearse después de cada conquista: ese es el hilo conductor para aproximarse
a ella y a su novedosa cultura política. Es como una revolución que se va
descubriendo a sí misma y, en el camino, aprendiendo a reconocer sus enemigos,
sus amigos y sus objetivos. Digamos que es un camino programático empírico.
El
desarrollo de su conciencia ha estado determinado por esta lucha sin pausa pero
en estrecha armonía con un libre debate nacional de ideas entre dos actitudes
políticas básicas. Ambas cosas, conciencia y debate, están condicionadas por
una débil tradición teórica y marxista. Por un lado existen los llamados
"profundizadores", definidos por su deseo de no frenar el desarrollo
de la "revolución bolivariana" y de apoyarse en las conquistas
alcanzadas para imponer así una forma de vida social superior. Al frente están
los "gradualistas". Se trata de aquella parte del proceso que
manifiesta la convicción de detener el proceso, de disfrutar de sus conquistas
y de no arriesgar más el gobierno en el enfrentamiento con el imperialismo y
los capitalistas. En el medio está Chávez, que debate su existencia entre
alentar a los primeros sin romper con los segundos.
Muchos de
los "profundizadores" no saben cómo llamar lo nuevo, otros no se
atreven todavía a denominarlo "socialismo" o algo parecido. Y están
los que legitiman ese objetivo bajo el título de "socialismo
bolivariano". Una minoría importante entiende que profundizar la
revolución no es otra cosa que garantizar el proceso de soberanía y
democratización, y que hay que expropiar a los expropiadores y desarrollar un
experimento socialista sobre bases nuevas. Desde el punto de vista estructural
económico esto es un asunto relativamente fácil. En Venezuela las principales
ramas industriales están ya en manos del Estado. Así que la definición del
carácter socialista de la economía venezolana depende de expropiar a unos
cuantos banqueros, comercializadores y terratenientes (no son muchos) y cambiar
el esquema de deuda/petróleo. Además, hay que ganarse a la clase media pyme con
amplios créditos baratos, mucha democracia y buenos servicios. La definición
de socialista, en Venezuela, dependerá de cómo se organice la sociedad para
ejercer el poder. O nace un nuevo sistema político radicado en los movimientos
sociales, un nuevo régimen democrático del Estado, o la "revolución
bolivariana" se atascará y en algún momento retrocederá ... o será
devuelta a tiros. No siempre se encuentra una demarcación clara entre
"profundizadores" y "gradualistas", ni están señalados en
forma organizativa, salvo excepciones. En la actual fase del proceso viajan en
el mismo tren y se definen por ser parte de lo que en Venezuela definen
popularmente como "el proceso". Sin embargo, desde 2002 se desarrolla
una tensión que es cada día mayor. Se nota en dos áreas: en las denuncias por
corrupción, "abuso de poder" o "debilidad frente al
enemigo", y en el debate sobre la propuesta de Chávez de ir al socialismo.
Las
vanguardias venezolanas, y las que defienden a Venezuela en el exterior, han
comenzado a definir su relación con el proceso y el gobierno desde estas dos perspectivas opuestas: Gradualistas o
Profundizadores. Aunque no siempre se llame a las cosas por su nombre, se trata
de un reformateo sigloveintiuno de la antigua disyuntiva entre "posibilismo"
y "revolución", o su versión después de la Revolución Rusa:
"revolución por etapas" vs. "revolución permanente". Una
señal confirmatoria de que ni la "revolución bolivariana", con todo
lo nuevo que revela, puede escapar a las universales leyes de la lucha de
clases, siempre tan implacables. Una de las expresiones simbólicas más
llamativas de esa dinámica es la decisión del propio presidente Hugo Chávez, de
proponer el "socialismo" para profundizar la "revolución
bolivariana". Esa propuesta constituye un punto de partida para un campo
de defini· ciones sobre el socialismo procurado. Lo que no se puede obviar es
que representa un efecto ideológico dinamizador del proceso revolucionario que
vive Venezuela. Y Chávez, su más compleja expresión dialéctica.
Entre el
amor y la sospecha
En este
enriquecedor escenario político se desarrolla una contradictoria relación
entre los movimientos, los partidos y las instituciones que sostienen al
presidente, donde él juega el rol de medium Bonaparte, árbitro entre
tendencias opuestas, en el nivel interno e internacional. Chávez y los
movimientos no son iguales, pero ambos se necesitan mutuamente frente a
enemigos comunes adentro y afuera, en especial en las instituciones del
gobierno. Pero son dos factores determinados por fuerzas y existencias
distintas, opuestas. Ni Chávez dirige al movimiento desde las bases, ni
el movimiento constituye la base institucional del poder. Un ejemplo de esto
es la corrupción galopante. Cuando Chávez llama a combatida "desde el
poder local", genera suspiros en los movimientos; pero los nuevos
corruptos se las arreglan para flotar en el poder, como "El Hombre
Corcho" de las crónicas urbanas de Roberto Arll. La explicación de tan
funesta situación se encuentra en el carácter de clase y la estructura de
poder que
cabalgaba aún sobre la briosa “revolución bolivariana”:
Existe una
dinámica de empatía entre Chávez y las múltiples organizaciones sociales. Las
vanguardias (y las masas pobres de las ciudades y del campo) ven a Chávez como
su mejor aliado en el gobierno. Encuentran apoyo en él para la organización
autónoma en los barrios y fábricas (recuperadas, cogestionadas o por
recuperar). El mismo aliento encuentran para el desarrollo de una red nacional
de medios de prensa alternativos, libres e independientes del poder. Hugo
Chávez es el caso inédito de un jefe nacionalista que alienta.la democracia de
base, algo inimaginable en sus homólogos más afines del pasado: Perón, Velasco
Alvarado, Cárdenas, Arbenz, Torrijos, Sandino, Ibañez, Nasser, Castro, etc
Al mismo
tiempo, la "revolución bolivariana" vive cruzada por engorros
permanentes entre los movimientos y la estructura política que sostiene a
Chávez. Esto se pudo verificar en abril de 2002 en el enfrentamiento al golpe,
en el saboteo a PDVSA, en la aplicación de las "Misiones sociales"
(ver más abajo), en la lucha por el agl,la urbana, las viviendas, los programas
de la prensa alternativa, el uso de Venezolana de Televisión y Telesur, las
cooperativas y los derechos sindicales, los créditos, la cogestión. También fue
evidente en el Referendum Revocatorio, cuando casi linchan al Comando Ayacucho
-la dirección que entregó a la derecha la convocatoria al Referendum- en agosto
de 2004. Un mes después se vivió en la lucha por las candidaturas para las
elecciones a gobernadores y alcaldes. La reacción de los movimientos contra la
"digitación" masiva de candidaturas obligó a Chávez a ofrecerles
disculpas por "haber violado la Constitución", que pauta la elección
por la base de los candidatos. También se notó en casos clave de la lucha de
clases internacional, por ejemplo cuando Lula decepcionó a miles de militantes
bolivarianos en Caracas en 2004 al decir "no se equivoquen, yo no soy
socialista". O cuando Kirchner reprime piqueteros y obreros de empresas
recuperadas, envía tropas a Haití, apoya a Mesa en Bolivia, hace guiños al
ALCA, o se congracia con B ush. En todos los escenarios, el poder, los
movimientos y Chávez en su rol de Bonaparte mediador, experimentan una convivencia
contradictoria, no antagónica. Es el amor y la sospecha en pleno desarrollo.
Las líneas de tensión comienzan en el punto en que la empatía da paso a
funciones opuestas en la sociedad. Chávez, gústele o no, dirige un Estado
capitalista que heredó con todas sus lacras pasadas y presentes. No es
cualquier Estado, es cierto, porque está sometido a los embates de un proceso
revolucionario con un gobierno y un presidente que no encajan en un aparato
tan reaccionario. Esa es la contradicción. Pero el rol individual de Chávez y
su gobierno dependen de un sistema internacional de Estados cuyo dueño es el
imperialismo, y no los movimientos sociales. Allí aparecen los que quieren
matarlo, como el reverendo Pat Robertson, pero también los que presionan y
negocian todos los días buscando una capitulación política.
Las conquistas
Además de una Constitución súper democrática, los 7
años de gobierno de Chávez aportaron a las masas pobres una elevación en su
nivel de vida, en algunos segmentos hasta niveles desconocidos en su historia
nacional. El analfabetismo fue barrido en 2 años y la cobertura de salud
pública gratuita pasó de 3.600.000 personas a más de 15 millones de habitantes
en una población total de 25 millones de ciudadanos. Entre 2003 y 2005 se
instalaron más hospitales/camas que en los 30 años anteriores. El consumo familiar
se multiplicó por cuatro en el mismo lapso y la sociedad respira un estado
general de libertades públicas ..
La primera conquista trascendente de la
"revolución bolivariana" es la adquisición de la soberanía política
de la Nación venezolana ante el imperialismo. El gobierno de Chávez es
independiente de, los controles de Washington, París, Londres, Pekín o Tokio.
Esta conquista política, enorme en sí misma, está relativizada por tres
ataduras de alto riesgo. La primera es que Venezuela sigue atada a las
economías monopolistas de EEUU y la UE a través del mercado mundial del
petróleo. La segunda atadura radica en la sangría financiera de la deuda
externa, y la tercera está en la cogestión qué mantiene el Estado con la
burguesía bancaria-comercial en dos áreas clave para Venezuela: el comercio
interno y el externo. Seis de cada diez dólares transados pasan por la banca privada
mediante cartas· de crédito, giros bancarios y acuerdos comerciales.
Un caso ilustrativo de lo dicho es la relación
bilateral ArgentinaVenezuela. Creció entre 2003 y junio de 2005 a más de 1.500
millones de dólares el comercio de bienes agrícolas, agroalimentarios,
farmacéuticos, hospitalarios, maquinarias, know-how
de servicios, infraestructura y otros. El dominio de esos negocios
estuvo en manos de exportadores argentinos e importadores venezolanos. En
ambos casos usaron al Estado como tramitador. El beneficio para ambos Estados
nacionales y los consumidores pobres fue residual. La montaña de negocios ya
adoptó una expresión verbal. Los más entusiastas exportadores argentinos
llaman a Venezuela "la provincia peronista más rica de Argentina". La
mayoría de ellos están ligados al gobierno de Kirchner, a la gobernación de
Felipe Solá y al poder Eduardo Duhalde, el jefe Ejecutivo del Mercosur. Un
sentimiento similar abrigan algunos representantes políticos de la
"solidaridad con Chávez" en Buenos Aires. Así, la independencia
política vive en estado de riña con la dependencia que impone la estructura
económica. Ese último aspecto está sin embargo en transición desde 2003, con
el establecimiento de los MERCAL, una entidad de Estado encargada de la
comercialización masiva de alimentos a menor precio que la red comercial
privada. Venezuela importa el 76% de lo que come. Otros dos factores que
influyen son la acción múltiple de las casi 96.000 cooperativas formadas entre
2001 y 2005, Y el nuevo plan masivo de viviendas financiado por el Estado. En
estos tres terrenos de inversión masiva de capital, comenzó un nuevo (y viejo)
peligro, el virus de la corrupción, uno de los canales privilegiados de acumulación
de capital en Estados semicoloniales.
Aun con estas contradicciones, el pueblo trabajador y
la Nación progresan en su bienestar social. Lo garantiza la soberanía ganada
que impiden el control capitalista total de la plus valía nacional y su evasión a los centros metropolitanos.
Palabra y poder
La segunda conquista trascendente es la vida política
libertaria. Ahí está la fuerza oculta de la "revolución bolivariana";
en su masiva movilización y organización de base (caótica, pero de base), y en
la absoluta libertad de opinión y de prensa. No hay aparato político, militar o
sindical que ejerza control autoritario sobre los movimientos sociales. Eso, y
sólo eso, explica la construcción de una nueva central obrera bolivariana con
una dirección revolucionaria a la cabeza. Otra expresión del mismo fenómeno es
la libertad para expresarse con libertad sobre el gobierno. Tanto en el
apoyo a medidas gubernamentales, como en la crítica
de sus contradicciones y problemas, el poder no ejerce coerción o control, y
cuando lO,ha hecho, recibió una andanada de protestas frente a las que sue~e
ceder. Esta suma de libertades no se conoció en ningún régimeri nacionalista
anterior, ni enlos militares ni en los otros. Es una diferencia clave.
La libertad de prensa y opinión ha permitido uno de
los logros menos referidos: la emergencia de una nueva opinión pública nacional
entre las masas oprimidas y de clase media. Fue posible por la existencia de
una red territorial de medios de diversos formatas: 1.200 semanarios, 14
televisaras, más de 100 radioemisoras, centenas de diarios web, revistas
locales, un nuevo documentalismo con decenas de películas premiadas, asambleas
barriales, "esquinas calientes" en la Plaza Bolívar y una profusión
de murales y volantes vecinales. La fuerza de esta realidad libertaria de la
información ha determinado que los canales estatales de radio y televisión no
se conviertan en instrumentos ciegos de la propaganda gubernamental. En esta
fuerza, asentada en la conciencia de los oprimidos, reposa buena parte del
destino del proceso venezolano.
Ambas cosas, conciencia y movimientos, viven en
relación dialéctica con el rol de Chávez como líder del proceso. Aquí se debate
lo nuevo y lo viejo de las grandes transformaciones que vive el país ..
Todas las experiencias antiimperialistas del pasado
tuvieron tres límites básicos, en medio de sus logros relativos frente al imperialismo:
control estatal de los sectores sociales movilizados, control gubernamental de
la prensa y un rol bonapartista del líder como mediador entre la nación y el
imperio. No son estas las únicas determinantes, pero en Venezuela le dan
contenido a los dilemas de su destino revolucionario.
El rostro ideológico
de la nueva vanguardia
Uno de los fenómenos más sorprendentes y alentadores
del proceso revolucionario que vive Venezuela es la renovación constante de
sus movimientos sociales. Por parentesco histórico podríamos los hemos
asimilado dentro de la expresión genérica "la vanguardia"; sin
embargo, la novedad es que son mucho más que eso. Expresan a escala nacional
las tendencias básicas de las generaciones luchadoras de los últimos años del
siglo XX y lo que va del XXI. Chávez es parte constitutiva de ese fenómeno, de
allí su identidad con ellas.
El debilitamiento estructural y la decadencia relativa del movimiento obrero,
más el fracaso repetitivo y fastidioso de las organizaciones tradicionales de
la izquierda marxista, dieron paso a los denominados "movimientos
sociales", que e's-el nombre popular de la nueva forma de agrupamiento de
los luchadores, muchos de ellos anticapitalistas. En estas nuevas formas lo
determinante no es la pertenencia exeluyente al movimiento obrero industrial,
la marca ideológica de un libro o un teórico convertido en Gurú, o la identidad
partidaria. Más bien se trata de una reacción empírica que en muchos casos se
mezcla con parte de lo anterior, pero en medio de una resistencia política
feroz a los nuevos problemas que trajo el capitalismo mundial en su actual
fase. En medio de esas contradicciones se va conformando y constituyendo como
sujeto político de las nuevas luchas. Estos movimientos contienen lo creativo,
rozagante y dinámico de lo naciente, junto con una inmadurez en programa,
tradición y teoría. En algunos casos, esto sucede porque la generación
anterior fue diezmada por dictaduras; en otros, porque lo mejor de esa
generación se entregó a "gobiernos democráticos" y cortó la
experiencia. También por combinación de ambas razones. No pocas veces, entre
las nuevas vanguardias también se percibe el mal olor de lo fosilizado vestido
de novedoso.
Ellos, ellas y los demás
Los tres sectores más dinámicos y activos en las
vanguardias venezolanas son los jóvenes, las mujeres y los obreros. En los dos
primeros casos se mezclan el desempleado, vendedor ambulante, cuentapropista,
con el trabajador regular de fábrica, comercio u oficina.
Las mujeres de los barrios pobres de las grandes
ciudades se han transformado, desde el golpe de Estado de 2002, en la franja poblacional
con mayor participación, tanto cuantitativa como cualitativa. Es, como dicen
los menos machistas, "el espíritu de la revolución", como si
quisieran reducidas a un estado no material en el proceso. Espíritus o no, se
refieren a la presencia diaria de las mujeres en las "misiones
sociales" (de alfabetización, salud, etc.), en la "inteligencia
social", ella propaganda, en la organización de marchas. De las 16 grandes
formas de organización social de la vanguardia venezolana, 11 están
"dominadas" por la presencia de la mujer joven y el ama de casa de
barrios obreros. Su rol organizador en la familia y en el barrio lo trasladó a
la nueva vida pública, dejando atrás, en forma relativa, su tradicional
sumisión en la estructura hogareña. Esto fue visible durante la más dura prueba
vivida por la "revolución bolivariana": el golpe de abril de 2002. En
Maracay, "la ciudad irredenta", donde el golpe fue resistido
masivamente desde sus primeras horas, las amas de casa se encargaron de la
organización de las familias en los barrios pobres del sur de la ciudad. Las
decenas de miles de antigolpistas que rodearon la principal base militar de la
ciudad, cuyos oficiales se negaron a participar del golpe, fueron movilizadas
por una cadena inorgánica de amas de casa. Eso tuvo su expresión en un sector
de la clase media del norte de Maracay que se dedicó a crear círculos
bolivarianos para defender la Constitución.
Un mapa somero de ese proceso de organización y
reorganización de la militancia bolivariana daría como resultado el siguiente
cuadro:
ORGANISMOS Y MOVIMIENTOS
1.- UNT,
Unión Nacional de Trabajadores, central sindical bolivariana, con más de un
millón de afiliados entre abril de 2003 y abril de 2005.
2.- FBT,
Fuerza Bolivariana de Trabajadores, uno de los factores clave en la creación de
la UNT, tiene fuerte presencia en ministerios.
3.- Asambleas barriales, en Caracas y otras ciudades.
4.- Misiones sociales. Llamadas Rivas, Robinson, Barrio Adentro, Ricaurte,
Vuelvan Caras y Giaucaipuro y otras, realizan los planes de inversión social en
salud, educación, etc., por fuera de la burocracia de los ministerios.
5.- Unidades de Batalla Endógena. Fueron llamadas de "Batalla Electoral"
hasta octubre de 2004.
6.- Frentes
Regionales de Salud.
7.- Clase Media en Positivo y Frente Estudiantil Bolivariano, con incidencia en la
clase media ciudadana después de 2002.
8.- Comités de Seguridad e Higiene Laboral. Trabajan en relación con la UNT y la FBT.
9.- Círculos Bolivarianos.
10.- Comités de Tierras. Se organizan dentro y fuera del Frente Nacional
Zamorano, que es la organización territorial campesina, con cerca de 4.000
familias. La burguesía agraria les ha asesinado 134 militantes desde 2001.
11.- Comités Guía, en PDVSA. Surgieron en medio del saboteo a la industria petrolera.
Fueron decisivos en la reconquista de PDVSA.
12.- Mesas de Agua, en barrios de Caracas, Maracay, Maracaibo y Valencia. Se dedican a
organizar la presión de los vecinos sobre los organismos públicos para obtener
agua corriente en barrios carenciados.
13.- ANMCLA,
Asociación Nacional de Medios Comunitarios, Libres y Alternativos. Afilia a 234
medios de prensa tradicional, de la web, radios, canales de televisión y
productores cinematográficos.
14.- Redes de Conexión Social. Actúan como mecanismos de articulación entre
sectores y movimientos locales para
grandes problemas nacionales.
15.- Colectivos de base. Agrupan a movimientos de variado interés barrial,
educativo o cultural, sin ubicación territorial fija.
16.- Cooperativas. Registradas 96.000 en abril de 2005. No todas tienen una función
política en la acción popular, pero un amplio sector de ellas actúa en red con
las Misiones o con las otras organizaciones, por ejemplo con PDVSA, para
recuperar fábricas abandonadas por sus patrones.
SECTORES SOCIALES
1.- Del movimiento obrero
2.- Empleados de ministerios y dependencias del Estado 3.- Juveniles (de barriales,
liceos y universidades)
4.- De la clase media nacionalista. Rompió con los sectores golpistas en 2002. No todos
sus participantes se reivindican "chavistas", actúan más por
oposición al imperialismó;en defensa de las libertades democráticas y en apoyo
a las Misiones sociales.
5.- De Mujeres
6.- Campesinos y asalariados rurales
7.- Reservistas de las Fuerzas Armadas. Hasta diciembre de 2004 unos 600.000 reservistas
habían sido reactivados.
8.- Religiosos. Cerca de un millón de seguidores de las Iglesias Evangélica y
Pentecostal apoyan a Chávez y se declaran bolivarianas y antiimperialistas.
9.- De artistas, educadores e intelectuales. Constituyen el sector más pequeño de las
"vanguardias" del proceso.
10.- Indígenas. Existen unos 280 mil aborígenes, de los cuales 30 o 40 mil están
organizados en distintas formas de resistencia e integración territorial, cultural
y política al proceso.
Esta lista -sobre algunos de cuyos componentes
trataremos a continuación- es una aproximación, y no pretende abarcar espacios
locales del interior. Se limita a los movimientos y formas organizativas que
adquirieron dimensiones nacionales o regionales.
La mutación del aprendizaje
Estas "vanguardias" han mutado tantas veces
como lo ha impuesto la tensa y cambiante situación política desde 1999. Viven
en una permanente creación y recreación, como ocurrió con los más ilustrativos
procesos revolucionarios del último siglo. En 2005, ese desarrollo llevó a una
maduración política distinta, superior. En primer lugar, porque estos
movimientos comenzaron a descubrir que la "revolución bolivariana" no
avanzará un solo paso más sin la participación activa de ellos, y que eso
significa que el futuro del proceso depende de la capacidad que demuestren para
asumir el poder frente a los sectores conservadores internos y a la agresión
imperialista. En segundo lugar, porque se instaló el debate sobre el socialismo
entre ellos, y de ellos con las masas y los sectores refractarios del poder.
Este delicado tema era antes sostenido y proclamado sólo por una minoría de
esos movimientos, especialmente aquellos que nunca ocultaron sus ideas socialistas.
Hoy el socialismo es parte de la conversación cotidiana. El propio presidente
Chávez lo sometió a debate nacional desde mediados de 2004, cuando decidió
proclamar la necesidad de refundar un "socialismo del Siglo XXI".
La nueva conciencia política de las
"vanguardias" venezolanas comenzó a constituirse desde la derrota del
golpe de Estado en abril de 2002. Antes de esa fecha fue una acumulación
altamente contradictoria, vacilante. Uno de sus protagonistas fue el mismísimo
Chávez, cada vez que declaraba que él fue "salvado por el pueblo" y
lo invitaba a "organizarse para defender sus conquistas". O cuando
lanzó una consigna fulminante en enero de 2003:
"Fábrica abandonada, fábrica tomada". Así,
en este aprendizaje empírico permanente, genuino, desde y con la realidad, se
han ido transformando los movimientos de la revolución y su personificación,
Chávez.
Siete meses después del golpe de abril, la
comprensión del proceso dio un salto, cuando los trabajadores y pobladores
derrotaron por segunda vez en la lucha física a los golpistas en la industria
petrolera (diciembre 2004 a febrero 2005). Este fue el momento en que el movimiento
obrero venezolano se integró como sujeto independiente del proceso, probando su
capacidad revolucionaria en la lucha por el rescate de PDVSA y en la derrota
del golpismo proimperialista. Un año más tarde, ese aprendizaje arrojó uno de
sus frutos más sólidos, la construcción de la UNT (la nueva central obrera
bolivariana), sobre los restos de la CTV (Confederación de Trabajadores de
Venezuela). La CTV surgió en 1936, y hasta la revolución de 1958 jugó un rol
progresivo en la organización clasista de los trabajadores. Pero fue luego
integrada al Estado y a las políticas imperialistas del viejo nacionalismo
venezolano por Acción Democrática desde el Pacto de Punto Fijo (1961); desde
entonces la CTV sirvió a los patronos, al imperialismo y a sus propios
dirigentes convertidos en millonarios. La UNT ha subvertido esa historia y ha
dado comienzo a un nuevo movimiento obrero venezolano desde abril de 2003.
La materia prima de lo consciente
Este proceso de constante organización de "la
vanguardia" bolivariana avanzó a 10 largo del año 2003 con las
"Misiones sociales". Estas le enseñaron que sin ellos no era posible
la aplicación de las nuevas políticas públicas (las Misiones concentran las
principales inversiones dentro del Presupuesto Nacional).
Continuó a comienzos de 2004 con la derrota
fulminante en las calles caraqueñas de las llamadas "Guarimbas"
(grupos de la derecha de desorden urbano). Ese mismo año, las organizaciones
comunitarias venezolanas fueron las garantes de que el fraude del Referendum
no pasara como pretendían el Grupo Carter y la OEA en su negociado con el
Comando Ayacucho. Las organizaciones de base se levantaron, paralizaron Caracas
e impusieron la suspensión del Comando Ayacucho y la organización de uno nuevo
bajo la dirección política de Chávez, aunque no participaron las organizaciones
comunitarias. Fueron éstas las que se movilizaron por decenas de miles el mismo
día del fraude, tomaron la ciudad e impusieron una nueva realidad política que
tres días más tarde se trasformó en un acto de más de 250.000 personas con el
presidente Chávez en la Plaza Bolívar. Allí se proclamó la famosa "Batalla
de Santa Inés", con la que se derrotó a la derecha el 15 de agosto en el
Referendum Revocatorio. Los organismos que determinaron el triunfo del
Presidente en el Referendum y la
continuidad del gobierno fueron las "patrullas electorales" y las Unidades de Batalla Electoral, que
sumaron a más de 900.000 activistas al nivel nacional. La mayoría de estas
personas se integraron por primera vez a una actividad política.
Entre 1998 y 2004 las "vanguardias
comunitarias" venezolanas han adoptado 7 ó 9 formas distintas según las
exigencias políticas internas. Cuando las situaciones de enfrentamiento son
agudas, tienden a conectarse en formas intermedias que desaparecen ni bien
pasa la coyuntura. La fuerza y dinámica de este movimiento-proceso no deja en
paz a ninguna institución estatal o partidaria, a los dirigentes o
funcionarios apoltIionados o con deseos de apoltronarse. Para salvar las
conquistas ~dquiridas hasta abril de 2002 se amalgamaron en los barrios y
alrededor de los cuarteles en forma cuasi espontánea, aunque los motores de la
resistencia fueron los mismos jóvenes y amas de casa que ya participaban en
círculos bolivarianos, coordinadoras sindicales y asambleas barriales. Lenin
llamaría a esa espontaneidad "la materia prima de lo consciente". Sin
separarse físicamente de sus comunidades han sostenido también la aplicación de
los planes de desarrollo social (las Misiones), ya que era imposible hacerlo
desde los organismos ejecutores oficiales, los Ministt1hos. Como me dijo una
profesora, coordinadora de la Misión Robinson, "Si hubiéramos esperado a
que desde el Ministerio de educación se aplique las misiones Robinson, Ricaurte
o Ribas, yaihabrían tumbado al presidente varias veces". La nueva
militancia social venezolana no diferencia entre su actividad
"política" y la labor social de educar, ser alfabetizado o ayudar a
curar. De la misma manera, no entiende que los gobernantes, incluido Chávez,
se impongan por encima de la Constitución o de los deseos populares.
La vieja vanguardfa a la retaguardia
En sentido contrario, buena parte de los partidos y
dirigentes de la izquierda tradicional venezolana jugó un papel "de
retaguardia" en abril de 2002 y en casi todas las coyunturas desde
entonces. De hecho, representan la franja conservadora del proceso revolucionario.
A muchos de ellos les encantaría que todo se detenga en el punto donde ha
llegado y "vivir felices para siempre" (sobre todo a los que viven de
un cargo público). En la prueba más importante que tuvieron hasta ahora, el
golpe de abril de 2002, la mayoría sufrió una regresión perversa a sus
nostalgias juveniles. Entre elll y el 12 de abril, muchos ex dirigentes soñaron
con organizarse para "subir los montes y hacer la guerra prolongada",
como declararon en días posteriores. La realidad los hizo descender en forma
estrepitosa de su fantasía vanguardista irremediable: los barrios de las 14
principales ciudades ya tenían paralizados los cuarteles y el Palacio de
Miraflores. Felizmente, una parte de esta vieja guardia militante comprendió,
se adaptó y se puso a trabajar alIado de la nueva militancia comunitaria y
sindical. Otra parte no soportó el desafío y aspira a seguir disfrutando del
portaviones del poder; o se fue, pero no a la montaña sino a la derecha.
El peso de la realidad
Esta nueva "vanguardia" se expresa de
múltiples maneras y a una velocidad política determinada por los
acontecimientos. Constituye el motor de la revolución bolivariana, pero ella se
convierte en su principal enemiga cuando queda atrapada por la acción y el embate
de la lucha cotidiana y se impide la reflexión necesaria para pensar
teóricamente a largo plazo. Un ejemplo de esto es que muchos dirigentes
venezolanos creen sanamente que la relación de fuerzas está a favor de la
revolución bolivariana y no del imperialismo. Creer esto es legítimo, pero
equivocado. Se deriva de una falsa conciencia del proceso, sus instituciones y
las relaciones internacionales. Los triunfos nacionales no son suficientes
para determinar el dominio del imperialismo sobre el mundo.
Desafíos
Mientras exista el actual proceso político, los
movimientos comunitarios serán su sangre y sus vértebras; a pesar de sus carencias
y de su fragilidad, ofrecen una base social sobre la cual intentar superar las
actuales contradicciones mortales entre una dinámica política francamente
revolucionaria y un Estado capitalista aparatoso, fracasado y corrupto por los
cuatro costados. Como dijo con socarrona mordacidad un dirigente popular chavista
en el barrio 23 de Enero de Caracas, "entre Chávez y nosotros no hay nada
y lo que hay huele a fo" ("fo" es una expresión venezolana que
alude a mal olor). Esto no es exactamente así, porque están las Fuerzas
Armadas como estructura nacional, pero es una expresión inteligente que refleja
el patetismo de un aspecto clave de la realidad venezolana. Para decido en una
palabra de moda en Venezuela, sin el empoderamiento de estos movimientos
la revolución bolivariana se vaciaría de contenido social. Y eso, a estas
alturas, significa la responsabilidad histórica de ser capaces de constituirse
como poder político y económico y de servir de base para la democratización
del Estado desde abajo, nutrido por -y apoyado en- estas organizaciones
populares genuinas. La cogestión y las cooperativas que se aplican hoy,
podrían ser un camino alterno hacia ese empoderamiento, siempre que el objetivo
sea la reorganización dela sociedad venezolana sobre bases socialistas, sin
instituciones opresoras y capitalistas.
Lo que son y lo que no
Lo que se denomina "revolución bolivariana"
sería irreconocible sin la existencia personal de Chávez y sin la marca
constitutiva de sus "movimientos comunitarios", entendiendo por esto
no una abstracción sociológica sin contenido de clase, sino la expresión política
y cultural de las profundidades transformadoras de las clases trabajadoras que
la sostienen: los barrios pobres de las grandes y pequeñas ciudades y los
asalariados industriales, estatales y rurales. Representan uno de los síntomas
de buena salud más sólidos y esperanzadores de la "revolución
bolivariana" en marcha.
Esos movimientos son "vanguardia" en el sentido tradicional en la
medida que su actividad y vida política las coloca "un paso delante"
(Lenin) del conjunto de las masas pobres movilizadas, pero no lo son en tres magnitudes
cualitativas: su forma de vida, sus fonnas organizativas y su militancia
social. Esa posición de "vanguardia" social y política es desigual,
relativa. Basta recordar que las patrullas electorales y las Unidades de
Batalla Electoral que funcionaron entre mayo y agosto de 2004 alcanzaron un
registro de activistas que superó las 900 mil personas en todo el territorio.
Esto no puede ser vanguardia en el sentido tradicional y, sin embargo, lo fue
respecto de ese período político, en la tarea asignada (ganar el "No"
en el Referendum) y en la decisión de defenderlo en las calles el día de la
votación. Seguramente, la discusión sobre el socialismo del siglo XXI, que
propone Chávez, la ayudará a completar su rol orientador y facilitador en la
actual fase del proceso.
La experiencia de los Círculos
Algo parecido, aunque más relativo, se vio dos años
antes en la actuación masiva que derrotó el golpe de Estado entre el 12 yel13
de abril. En aquella ocasión su expresión orgánica más rutilante fueron los
vilipendiados "Círculos bolivarianos". Se calcula que antes del golpe
funcionaban unos 20 o 30 mil círculos y que la derrota del golpe provocó una
explosión de nuevos círculos por todos lados. En noviembre de 2003 funcionaban
unos 90.000, con una media de 7 activistas por círculo. Pero un año después
sólo se registraban unos 8 mil círculos bolivarianos. Muchos se burocratizaron
o se integraron al Estado de la peor forma, como funcionarios de nuevo cuño;
otros renacieron en las nuevas forma de agrupación del activismo.
Tres razones se combinaron para la desaparición
"sorpresiva" de los círculos. Primero, su heterogeneidad social;
segundo, correspondiente con lo anterior, su fragilidad y volatilidad
ideológica (en los círculos había gente de derecha y de izquierda,
reaccionarios y progresistas, demócratas sinceros, antiizquierdistas convictos
y confesos, de todo). Cumplieron entre comienzos de 2002 y mediados de 2003 el
rol progresivo de enfrentar todas las opciones e intentonas golpistas. Los
círculos ayudaron a generar una conciencia antiimperialista en un importante
sector de la población que nunca tuvo conciencia militante. Eso fue progresivo.
Pero terminaron "víctimas" de las dos debilidades anteriores y de la
fuerza avasallante de un movimiento que ha tenido la virtud revolucionaria,
hasta ahora, de no congelarse en ninguna forma organizativa.
Estas características de relación orgánica con
"las masas" no fueron las constantes en la mayoría de las
vanguardias izquierdistas o revolucionarias del siglo XX, especialmente después
de la Segunda Guerra Mundial, a causa de la fosilización mundial que impuso la
URSS y la socialdemocracia en la militancia internacional. Cuando ocurrió fue
para gangrenar y desmovilizar revoluciones. Esto, entre otras razones, explica
sus conductas autodestructivas, sectarias u oportunistas, como demuestra, entre
otros autores, hasta cansarse de angustia, el marxista húngaro Istvan Mézsaros
en Más allá del Capital (Caracas,
Vadell, 2001).
Un aprendizaje contradictorio
En siete años de proceso político los movimientos de
vanguardia venezolanos han mostrado capacidad y talento para la creatividad
revolucionaria, la organización masiva, la acción directa y la democracia de
base. Estas cuatro características son fundamentales a la hora de reflexionar
acerca del presente y el futuro de la situación venezolana.
Las políticas centrales propuestas por el gobierno
del presidente Chávez no tendrían destino social sin la existencia y militancia
de esa "vanguardia" compuesta de poderosos movimientos de base. Basta
pensar por un instante en lo que ocurriría si desaparecieran -o fueran
absorbidos por un gran medio, por ejemplo TeleSur-los medios de prensa
comunitarios y alternativos y las organizaciones sociales en la que se apoyan.
Esas características no nacieron con los movimientos. Por el contrario, en este
lustro y medio han realizado un complicado aprendizaje político que los llevó
de una primera etapa en la que predominó la unidad con lo viejo, a una decantación
y transformación que en poco tiempo la colocó de frente a casi todos los
dirigentes, partidos y cuadros políticos con quienes compartió la primera fase
del proceso político venezolano (1998-2002).
Socialismo: El "último" desafío
Chávez, como fenómeno político viene tomando por
asalto a la izquierda venezolana y latinoamericana desde 1992. Primero, la
puso a pensar en "revolución". Luego vino un camino de búsquedas zigzagueantes
a izquierda y a derecha para alcanzar el gobierno. El último asalto es la propuesta
de "refundar el socialismo del siglo XXI". Esto, por sí solo,
representa un nuevo desafío político para la vanguardia comunitaria. Es el
dilema de toda revolución genuina: continuar lo que comenzó, o detenerse y
retroceder. Chávez quiere experimentar sobre el socialismo en Venezuela yeso es
preferible a seguir mascullando "socialismos de bolsillo", sea en sectas
infecundas o en manuales desgastados.
A pesar de no tener todavía un cuerpo doctrinario, ni
un perfil claro, la promoción de la idea comenzó hace más de medio año en una
Cumbre de presidentes sudamericanos en Río de Janeiro, donde Chávez declaró que
"no es posible salir de la miseria dentro del capitalismo". Y no sólo
despeinó los ruleros de los presidentes que estaban allí: desde entonces
comenzó a integrar la incómoda palabra "socialismo" en sus discursos
y alocucionesi, didácticas semanales en su programa "Aló Presidente".
La mayoría de la izquierda interna y externa que
acompaña a Chávez había descartado la palabra socialismo de sus escritos,
luchas y conversaciones. Esto fue así hasta hace apenas unos meses. No
sorprende la reacción de muchos izquierdistas. Entre las frases conocidas cito
algunas: "El socialismo es uno solo desde siempre, no se puede
refundar", o esta otra: "Hablar de socialismo ahora puede poner en
peligro todo lo que se ha hecho". Todo bajo la fastidiosa justificación de
que "no estamos en esa etapa", o "eso está bien, pero para el
futuro", algunos con excusas peores, como "esta revolución puede
resolver los problemas sin meterse en el lío del socialismo", o como me
dijo un nacionalista de la izquierda peronista argentina: "el socialismo
es un lindo sueño, pero ahora no se puede, estamos en la etapa de la lucha
contra el imperio". En esta lógica posibilista, reduccionista, arbitraria
y cansada de la historia social, a veces se llega a colmos impensables. Por
ejemplo, la organización guevarista argentina Barrios de Pie decidió en una
reunión nacional, en 2003, la suspensión de la lucha por el socialismo, al
considerar que sólo se puede luchar por tareas antiimperialistas. Como si fuera posible alterar el curso de la
historia con un documento nacional. No fue necesaria la marcha histórica: el
propio Chávez los sorprendió.
De repente, todos se pusieron a hablar, y lo más
grave, a escribir tesis sobre "el
socialismo del siglo XXI", cuando hasta el día anterior lo negaban o les
asustaba su sola mención. En buena hora, sean bien llegados al inexorable
debate sobre el socialismo, en especial si se trata de uno que supere al mismo
tiempo los experimentos del siglo XX y sus brujos posibilistas.
Con una actitud más sincera, la vanguardia
bolivariana ha comenzado a hacer este nuevo aprendizaje del "socialismo
del siglo XXI" con la misma libertad de pensamiento que hizo los anteriores,
desde 1999, o antes. El problema no está en ella, sino en la contradicción de
no constituir todavía una opción de poder para sostener a Chávez en su
propuesta de ir al socialismo. Sobre todo frente a los que se olvidan de la
palabra que más asusta a la burguesía y al imperialismo, como si la estuviera
diciendo el mismísimo Marx en 1948.