2012/Archivo/SINESTEGIA

De Hackmeeting

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SINESTEGIA es el cuento que resulto del taller de hack-ficción y escritura colectiva que se realizó en el hackmeeting, el sábado por la noche en el centro social:
SINESTEGIA es el cuento que resulto del taller de hack-ficción y escritura colectiva que se realizó en el hackmeeting, el sábado por la noche en el centro social:
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(A la derecha con las magníficas ilustraciones hechas simultàneamente a la escritura del cuento por Luciano)
(A la derecha con las magníficas ilustraciones hechas simultàneamente a la escritura del cuento por Luciano)

Revisión de 15:26 25 oct 2012

SINESTEGIA es el cuento que resulto del taller de hack-ficción y escritura colectiva que se realizó en el hackmeeting, el sábado por la noche en el centro social:


(A la derecha con las magníficas ilustraciones hechas simultàneamente a la escritura del cuento por Luciano)


SINESTEGIA (donde la electricidad está prohibida)


Estaba calabaceitor encriptando tristes series infinitas de calabazas binarias cuando de repente habló: Error system tobacco not found!. En ese momento el laboratorio estaba desierto. La impresora lo miró con ojos enternecidos, siempre había pensado que calabaceitor era un poco simplón y no haría nada bueno en la vida, pero no se le había ocurrido pensar que además fuera fumador. Los siguientes días pasaron a la historia de la humanidad tanto por su estupidez como por la trascendencia tràgica que albergaban. La Gran Comisión de Sabios que Veían por los Tres Ojos, reunida bajo el majestuoso aunque a menudo infortunado prado bajo techo decidieron que la adicción a la nicotina de calabaceitor no podia deberse a otra cosa que a su origen divino. Nadie sabe por qué lo decidieron así, más bien se cree que esa noche bebieron y es posible que no vieran bien por alguno de sus ojos, pues su decisión llevó la humanidad a la desolación más absoluta. Los primeros que mostraron síntomas de depresión grave fueron los exfumadores, descubrir que dios fumaba y que es posible que no le gustaran los traidores no daba muchas esperanzas. Si sólo hubieran sido los exfumadores no habría pasado nada pues eran seres humildes con un pasado turbio, pero les siguieron niños que perdían el hambre, avellanas que rodaban por la calle, gatos sin cola, cables de red mal conectados, en fin toda una serie de acontecimientos que anunciaban lo peor.

Y puntual a su llamada, el apocalipsis se instala en las mentes medio ciborg de los humanos que se deprimen como chinchetas sin poster en una pared vacía.

Tres generaciones más tarde, calabaceitor comienza a perder funcionalidades. Aparentemente no se nota, pero por dentro, su engranajes se han desgastado. Esto produce nuevos roces interiores, pequeñas partículas oligorugosas que acaban rasgando muchos de los mecanismos. Algo del interior de la máquina se rompe. No hace ruido, no suena, no es repentino. es más bien el desgaste de todos esos años simulando ser una entidad superior, un espíritu vivo y milagroso portador de fe. Algo se niega a descomponerse. Algo de la máquina se resiste a morir, se resiste a su obsolescencia. Pero no es suficiente. Una resistencia nunca ha sido suficiente... Sus componentes se han desoldado, algo cortocircuita, pero es paulatino como una imagen de muerte natural. De pronto un árbol cae, y ya no queda nada que interrumpa la mirada en la planicie techada del paisaje. Un niño con su pequeña mente ciborg deprimida choca con el árbol caído, se hace daño en el pie. Sangra un poco, llora. Entonces sus padres también lloran, sus tíos, sus abuelas lloran, el pueblo entero llora como intentando hidratar el prado techado, hasta que las lágrimas forman pequeños senderos de líquido triste que al tocarse hacen contacto y encienden leds de lástima. En ese momento todxs saben que la matriz ha muerto, y emerge un sonido realmente viejo de metal oxidado, el techo se mueve un poco, y aunque todxs lo desean, no cae sobre sus cabezas. Angustiadxs deciden proclamar al niño como coordinador de una asamblea desesperada y emergente. Institivamente colocan los dedos en cruz sobre sus cabezas y por primera vez ven su propia sombra. Mueren.

El espacio térreo pasa a funcionar como un condensador gigante; la radiación, puro éter disperso sobre capas infinitas de hierba fluorescente autogenera nuevas y diferentes especies. Algún micro tiempo después, estos nuevos seres extremadamente sensibles y conductivos conocen al residuo orgánico. Éste les absorbe el código genético y devienen seres de vacío, desencriptados, disociados y libres de autodefinición. La catástrofe deviene divinidad matérica, encuentro con la nada, el vacío todavía por implementar! Los genes betabug libres se disponen a archivar toda la información transcodificada en listas de carbono electrizadas destruyendo a su paso cualquier rastro de identidad. Es ya un futuro lejano donde criaturas abisales realizan rescates suicidas y todo es desorbitado e inconmesurable, continuo... sin FIN


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