M A R X A   H O M E N A T G E  
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  MARXA HOMENATGE ALS MAQUIS  
        
        


Josep Lluís i Facerias, "Face"

Para arreglar lo de los tranvías,Id a buscar a Facerías.Contra el Requeté, viva Sabaté!

Facerías. Guerrilla urbana (1939-1957)

Antonio Téllez
Virus, Barcelona, 2004

Mateo Rello, extraido de www.soliobrera.org

Bastan pocas décadas para que el mapa de las mitologías populares se altere, yéndose juntos por el desagüe del olvido los nombres del justo y del bellaco. Los años 40 y 50 del pasado siglo fueron, en la españolísima España del Caudillo, buena cosecha para los de la segunda estirpe: la radio y los periódicos voceaban hasta desgañitarse nombres de toreros, folclóricas y mandarines de camisa azul que se revolcaban al alimón en la misma mierda; quizás sea por eso que, en el contraste, otros nombres, dinamitando todos los silencios oficiales, se propagaron clandestinamente hasta hacerse legendarios.
Cojamos al vuelo, y nunca menor dicho, el ejemplo de esta octavilla que circuló profusamente durante la huelga de tranvías en la Barcelona de 1951:

Para arreglar lo de los tranvías,
Id a buscar a Facerías.
Contra el Requeté,
¡viva Sabaté!

Esta volanta aparece reproducida en el libro de Antonio Téllez, Facerías. Guerrilla urbana (1939-1957), recientemente reeditado por Virus a partir de la primera edición, que fue la de Ruedo Ibérico. El lector de este libro comprenderá pronto por qué Facerías, Sabaté y otros maquis (bandoleros, según las fuentes oficiales) fueron tan populares y por qué arraigó tanto su memoria: en primer lugar, está la pervivencia de una cierta Barcelona anarquista que había sobrevivido a los combates, los bombardeos, el hambre, los fusilamientos y la cárcel (hasta qué punto debió ser profundo el influjo de su vida anterior); en segundo lugar, la audacia de estos guerrilleros no podía dejar de impresionar en aquella época de férreo control y represión feroz.
De las páginas de Téllez, emerge el retrato del maquis José Lluís Facerías (1920-1957), el Face, un hombre inteligente, temerario, tesonero y que llegó al límite de su baraka (escapará de alguna peripecia con varias orificios de bala en la ropa). En efecto, las andanzas de Facerías en España e Italia -donde se refugio cuando la presión policial se hizo insoportable en la Península y Francia- van más allá de lo novelesco: tiroteos, atracos, ajusticiamiento de fascistas, atentados contra Franco (fallidos, ya se sabe) o contra consulados de países benévolos con el dictador...; a la vez, Face se nos presenta como un militante incansable y un propagandista lúcido: en Italia, trabajando por los campamentos anarquistas internacionales; en cuanto al Estado español, “Facerías, dice Téllez, no era partidario entonces [1951] de crear una organización gigantesca con todo el aparato comiteril que ello representaba, pues la policía la desmantelaba cuando le venía en gana, sino que juzgaba más útil cultivar el espíritu de protesta popular, conseguir la formación espontánea de grupos activistas, tanto en la calle como en las fábricas y talleres, preconizar la acción colectiva del pueblo al margen de las consignas políticas de los partidos, generalizar el espíritu de rebeldía por doquier. La labor organizativa se derivaría posteriormente, por sí sola, de esta actividad inicial.” (pág. 291). Cuando Facerías sucumbe, lo hace a manos de la delación. Fue el 30 de agosto de 1957, en Sant Andreu, donde Face tenía cita con un compañero, una cita a la que acudió sólo la policía. “¿Quién denunció a Facerías?, especula Téllez, Nada sabemos. Lo único que pudimos averiguar de forma indiscutible es que Ernesto S., hoy en día fallecido, con quien Facerías tenía cita, se encontraba aquel día en Barcelona, que no acudió a la cita y que regresó a su pueblo antes de que la muerte de su amigo fuera divulgada. Eso es todo.” (pág. 380).
Facerías. Guerrilla urbana (1939-1957) habla inevitablemente de otros finales trágicos: de Raúl Carballeira y Amador Franco, militantes de las Juventudes Libertarias, de César Saborit, Enrique Martínez, Celedonio García, Antonio Franquesa..., maquis como los miembros del grupo Los Maños, cuya historia se esboza en esta obra. Y habla también de otras tragedias.
Porque, a través del relato de la vida de Facerías, Téllez incorpora el esbozo de la historia del anarquismo ibérico en el exilio. Al socaire de los acontecimientos internacionales, las organizaciones del Movimiento Libertario Español (MLE) en Francia, CNT-FAI-Juventudes Libertarias, se iban convirtiendo en una cáscara burocrática bajo la cual las escisiones se sucedían, mientras la militancia del Interior se desangraba en una lucha a muerte contra el franquismo. Así, los distintos comités clandestinos de esas organizaciones en territorio español caían indefectiblemente al poco tiempo de constituirse, siendo fusilados o encarcelados por centenares sus militantes. Sólo entre 1942 y 1953 fueron desmantelados por la policía 19 comités; tampoco faltaron juicios masivos -como el de Sevilla, en 1951, que afectaba a 80 cenetistas; o el de 1958 en Barcelona, contra otros 43- que ilustran perfectamente la magnitud del desastre.
Con frecuencia, es necesario vincular las detenciones contra los comités con la lucha del maquis, ya que la policía represaliaba a los primeros cuando no podía detener a ningún guerrillero del segundo. Por supuesto, los maquis también cayeron a cientos. Téllez reproduce, aunque cuestionándolas, las cifras oficiales que se refieren al período 1943-1952; el resultado de las acciones policiales ofrece este saldo: “Guerrilleros muertos, 2.166, capturados y presentados 3.382, detenidos como enlaces, cómplices y encubridores, 19.407” (pág. 209).
Sea como sea, y tomando las cifras en conjunto, se demuestra a las claras que el movimiento de resistencia libertaria contra el franquismo comprometió a miles de personas anónimas en todo el Estado, y que su arraigo y su compromiso dan fe de una genuina epopeya popular. Por eso, decíamos, resulta aún más sangrante la actitud del MLE en el exilio que, pese a saberse controlado por las policías española y francesa, nunca se replanteó su política de presencia en el “Interior”; es más, el aparato boicoteó todos los intentos de desvincular las siglas de la acción armada para evitar las represalias (y la infiltración) contra éstas: así ocurrió en 1947, cuando el MLE persiguió con furor inquisitorial al Movimiento Libertario de Resistencia (MLR); así ocurrió con el maquis, hasta el punto de que Facerías tuvo la certeza de que alguien del exilio (¿Martín Vilarrupla?) comunicaba sus movimientos a la policía.
Para que tanta derrota y tanto dolor no fueran en vano, no faltan hoy quienes luchan por mantener la memoria de los resistentes antifranquistas y para que su dignificación alimente nuestra esperanza. Colectivos como la Marxa dels Maquis están en esa trinchera y a ellos les debemos, pues, la restitución de parte de lo que fuimos. Porque en aquellos tiempos de Una, Grande y Libre, Metro Goldwin Mayer, Lo toma o lo deja, Gomas y lavajes también corrían otras leyendas por la mitología popular. La de Face y los tranvías, por ejemplo.

* Sobre la historia de Ruedo Ibérico puede consultarse José Martínez: la epopeya de Ruedo Ibérico (Anagrama, Barcelona, 2000) de Albert Forment y Ruedo Ibérico. Un desafío intelectual (Amigos de la Residencia de Estudiantes, Madrid, 2004), catálogo de la exposición que la Residencia de Estudiantes dedicó en 2004 a esta editorial que, desde el exilio, mantuvo la memoria y el debate de los derrotados de 1939.



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