A la hora de llevar a cabo una empresa, sólo se tienen en cuenta los beneficios, pero no se plantean o se prevén los problemas que vayan más allá del propio proyecto, y las soluciones siempre llegan tarde.
El desastre ecológico ocurrido en el Golfo de México es sólo un escalón más en el camino hacia la destrucción. A este paso, si es que no ha ocurrido ya, tras los múltiples Exxon Valdez, los Erika, los Prestige, nos acostumbraremos y en vez de indignarnos, pensaremos “otro vertido más”. Otra cuestión destacable es el hecho de que este último vertido haya sido una noticia semiocultada por la prensa, al menos al principio. El día del accidente, apenas se podía obtener información clara del suceso.
BP admite que el vertido está fuera de control y su incapacidad para solucionar la situación. Al igual que una central nuclear ̶ supuestamente ̶ tiene protocolos de actuación para situaciones de emergencia, la industria del petróleo debería contemplar estos escenarios, con medidas mucho más inteligentes que el uso de disolventes nocivos para el fondo marino.
Que el petróleo es un producto de otro tiempo (y que es un recurso cuya extracción, transporte, utilización y desecho supone graves riesgos y problemas) nadie lo cuestiona. De hecho, los mismos grandes empresarios ya se están apuntando a falsas promesas “ecológicas” como el uso de biocombustibles (que conlleva la pérdida de biodiversidad, uso de transgénicos, trastornos culturales y sociales) o la llegada del coche eléctrico (cuyos beneficios desaparecen al preguntar de dónde sale dicha electricidad).
Aún así, a día de hoy se plantean proyectos de nuevas explotaciones petrolíferas. La Historia no parece darnos lecciones suficientes. Enredar en lo público no necesita licencia si eres un magnate del petróleo: usar los mares para la extracción y transporte, ensuciar el aire con la combustión, hacer cargar a otros con las toneladas de desechos que producen los derivados del oro negro, etc. Si existen estas explotaciones, y se plantea la necesidad de otras nuevas, es porque el petróleo forma parte de nuestra vida cotidiana. Ahí es donde desde nuestra miserable insignificancia podemos hacer algo. Esta maldición líquida no es sólo la que alimenta el motor de los coches. Es la materia prima del combustible de un gran número de máquinas que se mueven o que producen energía. Del petróleo se obtienen gases, aceites, alquitrán, plásticos, fibras sintéticas y hasta fertilizantes. De ahí que el lobby petrolero se haya hecho fuerte en la industria global. Según la NOAA, en 2008 había en el Golfo de México un total de 3858 plataformas de gas y petróleo.
La mafia del petróleo vuelve a ganar, comete fallos, no está preparada para solucionarlos, y sigue con impunidad para continuar poniendo el mundo patas arriba.





















Dada la omniprescencia del petróleo en nuestra cotidianeidad, a lo mejor una buena campaña sería ponerlo manifiesto, señalando nuestra dependencia y subordinación a un veneno.
Es cierto, poniendo flechas o post-it en todo lo que contenga petróleo
lo tengo muy presente en mi vida, sobre todo porque lo respiro de esos amigos llamados tubos de escape que veo desde la bicicleta