Tiempos oscuros e injustos se ciernen sobre nosotros… A pesar de que los cuatro principales partidos han perdido 22 escaños con respecto a las elecciones del 2008, y a pesar de que los partidos minoritarios han coseguido un éxito equiparable al que tenían al principio de la democracia (es decir, nuestra conciencia democrática se ha revitalizado), una ley electoral injusta a todas luces ha dado una aplastante mayoría absoluta a uno de los dos partidos neoliberales (bueno, al más neoliberal de los dos, si alguien quiere hacer distinciones). Es decir, que la voz del pueblo no se escucha ni en las urnas. Tampoco sería muy alagüeño el panorama si, como por arte de magia, nuestro gobierno decidiera dar plantón a los mercados y demás instituciones financieras. Simplemente darían otro golpe de estado financiero, como el que aconteció recientemente en Italia y Grecia, y pondrían a un gobierno títere de sus intereses.
¿Pero cómo hemos llegado a esta situación? Muy sencillo. El capitalismo no es compatible con la democracia. ¿Cómo? Efectivamente. En un sistema económico basado en la competencia, hay una inevitable acumulación de capital, pues el que más acumule desplazará a sus competidores. El pez grande se come al chico. Con el paso del tiempo, era inevitable que esa acumulación de capital sobrepasara al capital de los Estados. Y, como es de sobra conocido, quién tiene el dinero, tiene el poder. Es decir, que en el momento en el que organizaciones económicas no elegidas democráticamente (multinacionales, bancos…) acumularon más poder que los Estados y otras organizaciones como Naciones Unidas (elegidas de manera dudosamente democrática, pero democratizables al fin y al cabo) empezaron a imponer sus normas del juego. Es decir, que el pez grande se comió a los chicos y, al crecer lo suficiente, también se comió a los Estados.
En un mundo sin democracia, en unos tiempos oscuros… es donde las luces que brillan dentro de nosotras empiezan a dar sus frutos. Y es que una emite fotones y no sabe muy bien dónde van a parar, a quién ilumina con su indignación, con sus ganas de cambio y con sus acciones. Pero lo cierto es que hay algo que recorre el mundo y va contagiando de forma imparable unos países y otros. Tanto es así, que un grupo de estudiantes de economía de Harvard ha dicho “BASTA” a una educación dogmática y gobernada por intereses económicos. Al enfoque único y neoliberal que dan en una asignatura han respondido de forma organizada y colectiva, respetuosa pero contundente. Y la cosa no para en esa asignatura… La historia es un rayo de luz en uno de los lugares más oscuros del planeta y, por ello, brilla con una fuerza inspiradora.
Nos han quitado la democracia, y nos intentarán aplastar de forma económica, educativa, legislativa e, incluso, por la fuerza. Pero lo que no saben es que hay cosas que no se pueden parar, que cuanto más nos repriman y opriman, más indignados seremos y más indignados estaremos. Será interesante, y una incertidumbre, ver cómo las organizaciones grandes y poderosas enfrentan su propio colapso a la vez que emergen organizaciones pequeñas, más horizontales, y realmente más poderosas, con formas alternativas, críticas y creativas de organizarse y relacionarse.
Patalearán, pero es una batalla que tienen perdida de antemano.




































