Mescalina filosófica

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Autor/a

averrasion

Fecha de publicación

8 de marzo de 2024

Visito el club de verano del filósofo Aldoux Huxley junto a él, entramos en un edificio que recuerda a un viejo monasterio reformado y nos sentamos en una mesa redonda dentro del patio. Aldoux pide un vaso de agua con mescalina y lo bebe como si fuera una refrescante limonada. En pocos minutos entra en su estado de contemplación filosófica.

Me separo de Huxley en busca de mi amiga que sé también anda por allí cerca. Entro en el lujoso edificio de blancos mármoles y relucientes suelos, iluminado por altos ventanales de metal. Subo las escaleras del hotel hasta llegar a una terraza donde hay más gente conversando sentadas alrededor de mesitas redondas de mármol, visten elegantemente y dan pinta de elevado rango social. En una de las mesas está mi amiga junto a su familia, me cruzo a la camarera y le pido un vaso de mescalina, luego camino hacia mi amiga y me uno a su mesa.

La madre de mi amiga me incluye en la conversación amablemente como si fuera una más, esto sentada al lado de mi amiga mientras bebo mi limonada de mescalina y nos ponemos al día. Poco a poco me voy relajando y cada vez más confiada y desinhibida con ella, la mescalina comienza a hacer su efecto. Mi atención se va distendiendo y aparecen los vivos colores terrosos de las macetas que hay en la terraza, las hojas verde intensas de las plantas, los trazos azules de la porcelana de las tazas. Más tarde la luz del sol resulta ser suave al tacto como las sábanas recién lavadas y aromáticas. La sombra de la mesa transmite un frescor agradable. Sonrío inocentemente mientras mi amiga me habla y yo voy asintiendo haciendo que comprendo profundamente lo que está diciendo.

Entonces me acuerdo de Huxley y pregunto por él, quisiera hablar con otra persona que estuviera en el viaje. La camarera me dice que ya está acostado y me quedo con la familia de mi amiga, pronto volverán a casa y yo iré con ellas. Viven en un apartamento mediano en un bloque de protección oficial, mi amiga y yo nos quedamos junto a la mascota que es un cangrejo de la jungla parlanchín, es redondeado como si lo hubieran sacado de un modelo 3D. Resulta que el cangrejo también pasa droga y le vende unos porros a mí y a mi amiga para fumarlos en la habitación.

Los efectos de la mescalina van desapareciendo y me va entrando sueño, me quiero ir a dormir. Miro a mi amiga y ahora es él y se llama Coba, le saludo y me despido al mismo tiempo y me voy a dormir. Tumbada en la cama aparecen unos versos nítidos:

Todos los tiempos pasan por la luz del alba,
La historia precipita en el fondo y se convierte en pasado

Portada de Jungle Fatigue Vol. 3 con la imagen del cangrejo de la jungla