Tengo una misión, mis superiores me han encomendado destruir unas células, una vez iniciada la misión me doy cuenta de que se trata de unos cigotos de donde potencialmente podría nacer nueva vida. La misión es en equipo, llegamos a la casa donde se encuentran los cigotos, una vez estamos cerca vemos que hay tres, cada uno está dentro de una cápsulas en forma de pastilla, son tan pequeñas que se podría llegar a tragar.
Los tres cigotos están dentro de unas probetas en un pequeño laboratorio al garaje de la casa. Nos introducimos en la sala y logramos destruir dos de los tres cigotos. Antes de destruir el tercero la misión es descubierta y aparecen enemigues, haciendo movimientos de artes marciales saltan y se abalanzan sobre nosotres. Uno de ellos se da torpemente un golpe con el marco superior de la puerta, gracias a ello logramos escapar.
Ahora estoy en un coche conduciendo por la carretera de la costa que rodea la isla de Gran Canaria. Llego a una gasolinera donde paran autobuses de viajeres de todos los pueblos de España. Hay gente de la Mancha, de Andalucía, de Madrid, de la Galicia. Están todes viajando. Una mujer está al centro, es una conductora de autobus que lleva una camisa y el pelo corto. Nos habla de las ruedas de un coche toledano, nos está explicando como funciona el mecanismo mientras se hace silencio. Si se escuchan murmullos o ruidos en la multitud se les manda callar para poder escuchar lo que está explicando la conductora que nos resulta fascinante.
Todavía llevo encima el cigoto que sobrevivió de la misión, en el bolsillo dentro de una píldora plateada y brillante como la luna llena. El cigoto proviene de mis padres, lo guardo como su fuera une hermane en potencia.
Hermane que me mandaron destruir, pero no destruí.