Por "mérito" de Brasil, se ha recrudecido la crisis en América Latina.
Cuando muchos analistas creÃÂan que el acuerdo con el FMI habÃÂa sido
un bálsamo suficiente para contener el derrumbe financiero de la mayor
economÃÂa del Cono Sur, el panorama regional volvió a complicarse. Ni
los amigos del entorno del candidato Lula (probable vencedor de las
inminentes elecciones presidenciales) confÃÂan en el futuro financiero
de Brasil. AsÃÂ, los inversores aumentaron su aversión al riesgo emergente,
castigando el precio de los bonos y generando una fuerte corriente de
compra de dólares. El fenómeno se observó no sólo en Brasil, sino también
en Argentina, Chile, Venezuela y Colombia. El repentino cambio de humor
en el escenario brasileño estuvo dado por el crecimiento del caudal
electoral del candidato izquierdista Inazio Lula Da Silva, quien cuenta
con 41% de intención de voto y se encamina a ser electo presidente en
la primera vuelta del comicio del 7 de octubre.
Brasil recibió del FMI el compromiso de préstamos por 30.000 millones
de dólares, uno de los más grandes de su historia. Sin embargo, eso
no evitó que crecieran los rumores sobre una posible suspensión de pagos
de la deuda, que suma unos 260.000 millones de dólares. Ahora, la zozobra
financiera ha generado un verdadero descalabro de las principales variables
macroeconómicas. Y la consecuencia directa de esto es que peligra el
mantenimiento del acuerdo, ya que el empeoramiento de las condiciones
hace improbable que el próximo presidente pueda cumplir con las pautas
de ahorro fiscal, inflación, emisión monetaria y preservación de las
reservas. Este problema fue admitido en Washington por el director gerente
del FMI, Horst Köhler, quien dijo que considera que el convenio firmado
se mantendrá vigente aun cuando gane Lula las elecciones. Este panorama
se combinó con el anuncio del Gobierno argentino de que proyecta declarar
la suspensión de pagos de unos 32.000 millones de dólares que adeuda
a los organismos multilaterales de crédito (FMI, Banco Mundial y Banco
Interamericano de Desarrollo) si el FMI no habilita un acuerdo con el
paÃÂs antes de que termine octubre. En noviembre, el presidente Eduardo
Duhalde tendrá el último plazo para pagar más de 1.000 millones de dólares
al Banco Mundial. De no hacerlo, el "default" (fallido) serÃÂa una realidad
que se sumarÃÂa a los otros 50.000 millones de dólares en bonos públicos
que Argentina dejó impagados en diciembre del 2001. La situación está
siendo objeto de discusión y análisis en Washington, donde este fin
de semana se desarrolla la asamblea anual del FMI. Precisamente, este
organismo ha sido quien expuso con toda crudeza los problemas económicos
regionales, al presentar su último informe.
"El panorama se ha deteriorado seriamente y está previsto que el PIB
retroceda en 2002. Argentina registra un colapso casi sin precedentes
de la actividad económica. Uruguay está enfrentando dificultades serias
y el panorama de Brasil, Venezuela y un número de paÃÂses más pequeños
se ha deteriorado en forma muy marcada", afirmó. Las perspectivas que
vislumbran los analistas son sombrÃÂas y están atadas a la evolución
de los acontecimientos electorales en Brasil. "Estamos en un terreno
nuevo y el dólar podrÃÂa llegar muy fácilmente a 4 reales (la moneda
brasileña) en poco tiempo", sostuvo Douglas Smith, economista jefe para
las Américas del Standard Chartered Bank, desde Nueva York. El viernes,
la cotización estuvo en 3,78 reales. Un dato que contribuyó a amplificar
el miedo de los ahorradores e inversionistas fue la confesión de Lula,
quien reveló que si es elegido presidente destituirá de su cargo al
actual titular del Banco Central, Arminio Fraga, un ex colaborador del
financiero húngaro 2 / 2 www.observatoriodeuda.org
George Soros. Asimismo, la concesión de un estatuto de independencia
al banco central parece muy improbable.
La decisión de Lula acrecentó entre los operadores financieros la sospecha
de que avanza un cambio de reglas de juego de alcance imprevisible,
a pesar de que el lÃÂder del Partido de los Trabajadores siempre ha dicho
que garantizará la economÃÂa liberal de mercado. La reticencia de Lula
a revelar quién será su ministro de EconomÃÂa también contribuye al mal
clima financiero. En cÃÂrculos muy próximos al candidato, una fuente
reveló a "La Vanguardia" que quien tiene mayores chances de ocupar ese
cargo es Joan Saiad, actual secretario de Hacienda de Sao Paulo, el
distrito con mayor peso económico de Brasil. Saiad es un rico empresario
paulista, que se ha ganado la confianza de la alcaldesa Marta Suplicy,
una de las personas con mayor influencia en el entorno de Lula. Pero
el aparente éxito electoral está muy lejos de generar euforia en el
equipo de campaña del lÃÂder izquierdista. Existe una razonable preocupación
por la evolución negativa que están mostrando los indicadores financieros,
que revelan una sostenida fuga de capitales, lo que amenaza con colocar
al sistema bancario al borde de la bancarrota, o de forzar un "corralito"
sobre los depósitos, similar al que se aplicó en la Argentina.
Miembros del equipo de Lula han corroborado esta realidad con desencanto:
hasta sus mejores amigos, dueños de fortunas importantes, les han confesado
que desean la mejor suerte para el candidato, pero prefieren esperar
los resultados electorales con su dinero colocado en alguna plaza financiera
internacional que los ponga a resguardo de la amenaza de expropiación.