Queridos
amigos y amigas
del MST,
El tema de la
corrupción, que involucra al actual gobierno y a algunos
partidos polÃÂticos que les dan apoyo, acaparó los
noticieros. Los medios de
comunicación no hablan de otra cosa, como si la
"corrupción estatal" hubiese
sido una invención del gobierno del Partido de los Trabajadores
(PT). De lo que
se culpa a este gobierno es de haber dado continuidad a la forma
burguesa de
hacer polÃÂtica.
Se dieron cuenta
algunos parlamentarios de que ciertas Comisiones
Parlamentarias de Investigación (CPI) les dan suficiente entrada
en los medios
de comunicación como para masajear sus vanidades personales y
para desarrollar
sus campañas polÃÂticas con vistas a las elecciones de
2006. AsÃÂ, tenemos un
parlamento que en vez de legislar, está más preocupado
por investigar. Todos, en
su mediocridad, procuran parecer eficientes investigadores policiales.
Y, además,
procuran aparecer como paladines de la moralidad pública, de la
transparencia
ética y en defensa de los intereses del pueblo brasileño.
Incluso el nieto de
António Carlos Magalhães
(ACM) está
con esa preocupación de descubrir corrupción en las
entrañas del gobierno. Si fuese
ésa su preocupación real no necesitarÃÂa ni
siquiera ser parlamentario, tendrÃÂa
suficiente con quedarse en casa y conversar más con su abuelo...
Reafirmamos la
necesidad de punir a todos los responsables de corrupción,
corrompidos y corruptos. Pero creemos también que el verdadero
combate a la
corrupción pasa por la creación de instrumentos
polÃÂticos que realmente den
poderes al pueblo para participar en las decisiones polÃÂticas
del paÃÂs y en el
control del poder del Estado. Sin eso, los corruptos de hoy y los de
ayer conseguirán
institucionalizar sus métodos para continuar apropiándose
del patrimonio
público y penalizando al pueblo, en beneficio de una
pequeña minorÃÂa de la población.
Por eso lamentamos que el diputado Roberto Freire (Partido Popular
Socialista
–PPS- por el estado de Pernambuco) tenga guardado en el cajón el
Proyecto de
Ley, ideado por el jurista Fábio Konder Comparato, con el que se
pretendÃÂa legislar
la participación popular en las decisiones importantes del
paÃÂs mediante
plebiscitos.
Pero combatir
únicamente la corrupción no resuelve los problemas que
afectan al pueblo brasileño. Es necesario combatir, sin tregua
ni concesiones, la
polÃÂtica económica del gobierno Lula, que impide que las
reivindicaciones
sociales sean atendidas (Reforma Agraria, vivienda, educación
pública, salud, seguridad
social, generación de empleos, etc.) y prioriza lucros
gigantescos del capital
financiero, nacional e internacional.
Por eso es vergonzosa
la actuación de este gobierno en la cuestión de
la Reforma Agraria. Durante la Marcha Nacional por la Reforma Agraria,
del 1 al
17 de mayo de 2005, cuando 12 mil caminantes recorrieron la distancia
que
separa Goiânia (estado de Goiás, GO) de BrasÃÂlia
(Distrito Federal, DF), presentamos
una serie de reivindicaciones para agilizar el proceso de Reforma
Agraria. Además
de exigir que se cumplieran los objetivos en número de
asentamientos
establecidas por el propio gobierno, pedimos la reestructuración
del INCRA
(Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria), de la
asistencia
técnica, los créditos financieros, apoyo a los programas
especiales de educación,
de preservación al medioambiente y a la agricultura familiar y
la inmediata
revisión de los ÃÂndices de productividad. Si se mantienen
como hasta ahora, estos
ÃÂndices sólo hacen que asegurar la improductividad de las
grandes propiedades
rurales.
Todas estas
reivindicaciones constan en el acuerdo firmado por el gobierno
y sus ministros. Algunas, como la orden ministerial que establece
nuevos
ÃÂndices de productividad, dependen exclusivamente del presidente
Lula. Hasta hoy
no fue firmada. Otras quedaron paradas en los meandros de la
máquina
administrativa o se pierden en las disputas entre ministerios, que
caracterizan
a un gobierno que no tiene unidad polÃÂtica ni, mucho menos, un
proyecto
estratégico para Brasil.
El fracaso de la
Reforma Agraria del gobierno Lula no se debe a la falta
de cumplimiento de las metas que él mismo estableció en
2003 de asentar a 400
mil familias antes de acabar su mandato. Al dar continuidad a la
polÃÂtica
neoliberal del gobierno de Fernando Henrique Cardoso, el gobierno
redujo el
Plan Nacional de Reforma Agraria a simples metas de asentamientos a ser
cumplidas
por el Ministerio de Desarrollo Agrario (MDA). El gobierno se
eximió de la
responsabilidad de ese compromiso histórico con la sociedad
brasileña. Y asÃÂ, en
vez de promover el enfrentamiento con el latifundio, el gobierno Lula
transfirió
el enfrentamiento por la Reforma Agraria hacia el interior de su propio
gobierno.
Ahora el Ministerio de Desarrollo Agrario (MDA) discute con el
Ministerio de Hacienda
para conseguir mayores recursos financieros, luego se responsabiliza a
la
máquina administrativa de parar las desapropiaciones, más
tarde llega el
desacuerdo con el Ministerio de Agricultura, que disputa migajas de los
grandes
recursos y privilegios destinados al agro-negocio. Todo sucede. Todo
menos
enfrentarse al latifundio.
Mientras perdure la
polÃÂtica neoliberal, la agro-exportación será de
vital importancia para mantener los saldos de la balanza comercial y
asÃÂ
esterilizar la riqueza nacional con el inacabable pago de intereses al
capital
financiero. En este modelo no hay espacio para la Reforma Agraria.
La derrota
polÃÂtica neoliberal pasa por las movilizaciones populares en
defensa de la Reforma Agraria. En un documento entregado al gobierno
federal en
septiembre de 2003 defendemos la Reforma Agraria como polÃÂtica
prioritaria para
resolver los graves problemas del desempleo, del hambre y de la pobreza
en el
medio rural. Enfatizamos el carácter popular de la Reforma
Agraria, exigiendo la
desapropiación de todos los latifundios improductivos, como
establece la
Constitución Federal. Defendemos la implantación de la
agro-industria, de un
programa de educación y de un nuevo modelo tecnológico,
con asistencia técnica
compatible con la agricultura familiar y cooperativa en las
áreas de la Reforma
Agraria. Pasados tres años de gobierno Lula, es grande la deuda
que éste ha
contraÃÂdo con tales compromisos con la Reforma Agraria. La deuda
es todavÃÂa mayor
cuando recordamos la otrora disposición de Lula para promover la
Reforma Agraria
de un plumazo, asàque asumiese el gobierno.
AsÃÂ, esperamos
derrotar esa polÃÂtica neoliberal y derrotar el latifundio
con grandes movilizaciones populares, promoviendo debates sobre la
urgencia de
un proyecto de desarrollo que atienda las necesidades del pueblo
brasileño. El
propio gobierno Lula manifestó, una vez más, que la
polÃÂtica que atiende los
intereses de los ricos no sirve para los pobres.
¡Vamos a la lucha!
SecretarÃÂa
Nacional del MST