
Muchas son las experiencias-intentos de intentar romper con esta “cárcel de estupidez” como leí el otro día. Sin embargo la mayoría acaban en fracaso y en la consiguiente asimilación por parte del sistema de las personas que en su momento intentaron hacer “algo”. 1-El sistema realiza una intensa labor de adoctrinamiento por medio de la familia, los medios de comunicación, el sistema educativo, el trabajo etc. consiguiendo que nos volvamos ignorantes de nosotr@s mism@s, rechazándonos y convirtiéndonos en nuestr@s propi@s enemig@s con lo contraproducente que es esto si pretendemos cambiar las cosas ya que nuestro pensamiento está distorsionado y confundido. 2-El maltrato sufrido nos hace venir condicionad@s por la carencia. Carencia que muchas veces entre nosotr@s no sabemos o no podemos llenar. Aquí es donde el sistema pone la trampa. Nuestras carencias físicas se compensan con productos que nos hagan sentir bien o cubrir nuestras necesidades (un techo, ropa, comida de mil sabores). El aburrimiento, la desmotivación y la falta de iniciativa que esta forma de vida genera se ven compensados con el ocio. Luego tenemos las carencias afectivas: tod@s hemos sufrido y para compensar este sufrimiento consumimos relaciones poseyendo y generando poder y sumisión para acabar muchas veces formando familias (eso sí muy liberales, pero a mi novi@ ni le toques y como est= es mi hij@ le llevo a la ikastola donde lo adoctrinarán profesor=s enrrollad@s). Cuant@s “revolucionari@s”dejan de serlo porque tienen que pagar un piso, estar con sus parejas o drogarse el fin de semana. Toda persona o grupo que quiera cambiar este estado de las cosas debiera tener presente que la prioridad del ser humano suele ser buscar su equilibrio de una u otra forma y que si no generamos redes para recuperar este equilibrio el sistema llenará nuestros vacíos con sucedáneos y nosotr@s probablemente abandonaremos la lucha. 3-En la mayoría de las ocasiones los grupos que se oponen a esta forma de funcionar no tienen en cuenta los dos puntos anteriores pretendiendo hacer la revolución siempre hacia el exterior cuando el primer policía con el que debemos luchar y la primera persona que deberíamos salvar somos nosotr@s mism@s. Los colectivos se dedican a hacer una serie de actos programados sin pensar que repetimos los mismos esquemas que pretendemos combatir ya que no hemos vomitado el veneno sutilmente introducido en nosotr@s. Cada persona se debe buscar a sí misma y liberarse. A partir de ahí nuestra propia naturaleza nos haría crear relaciones y estructuras realmente nuevas. Para acabar comentar que este nº como los dos anteriores están en: WWW.sindominio.net/poto/ y que si esto te mola puedes fotocopiarlo libremente. Tendencia humana a actuar y plantearse la realidad dentro de unos límites, donde cada acción conlleva unas connotaciones impuestas. Cuando esta condiciona de tal manera nuestra vida que se impone al sentido común y se convierte en una especie de ley, ya tenemos la norma, y del conjunto de estas la normalidad. Cuando en algún momento de nuestras vidas nos paramos a pensar realmente, dejándonos actuar sin seguir estos patrones descubrimos lo absurdo y sinsentido de estos. De estos casos pondré algún ejemplo: - Es ilógico que grupos de gente con unas condiciones ambientales similares vivan de una manera tan diferente, al imponer sobre sus vidas unas normas arbitrarias y sinsentido que limitan sus relaciones; lo irracional del rechazo a lo desconocido-exterior, que unido a la manipulación por l@s jefes del grupo (religión, patria, género...) hace que al final sean estos quienes se benefician del actual estado de las cosas. Esto, unido a la búsqueda de la aceptación personal por la pertenencia al grupo (normalidad) lleva a repetir conductas discriminatorias con el/la otr@ autoafirmación del rol dominante respecto a l@s diferentes a la vez que discriminación personal al aceptar, en la mayoría de los casos, el status inferior propio. ![]() -La sociedad actual permite y alienta diferenciaciones externas, de apariencia y conductas pero que no llegan a cuestionar el fondo: 1 matrimonios entre homosexuales; 2 modas “rompedoras” diseñadas por el propio capitalismo para que la gente se crea diferente; 3 lo anteriormente dicho pero políticamente: “no vas a comparar un/una liberal, vasc@, anarquista..”.con un/una facha cuando vitalmente poco o nada les diferencia. -La lucha por ascender en esta normalidad nos obliga a sacrificarnos, siempre según las leyes no escritas de esta sociedad. “Normales” en esta situación artificial que vivimos, pero no por ello naturalmente ni sentimentalmente lógica. Viviendo y alimentando esa espiral que nos dirige inevitablemente hacia un vacío interior. Hay quienes se dejan llevar acríticamente y quienes intentan mantener su manera de ser, amoldándose lo más mínimamente posible. Habría que, cada cual en su situación, vivenciar un cambio radical de esta situación, dirigiéndola tanto por el respeto personal como colectivo, lo que supondría un verdadero acto de amor. La humanidad está asumiendo modos de vida totalmente antinaturales e ilógicos. En el caso del mal llamado mundo desarrollado ¿tecnológicamente?, debido a su alto poder transformador del medio, está llevando al colapso de La Tierra y, en lo personal, a la anulación de l@s individu@s. Todo ello asumido como efecto del “normal” funcionamiento de las sociedades, sin cuestionarnos nada. L@s bebés y niñ@s pequeñ@s buscan el placer porque no conocen las normas. Experimentan, aprenden y eligen lo que les gusta si no son coartad@s por l@s adult@s y su mundo “normal” correcto. Cuestionémonos cada acción. La locura, escape a una vida normal insufrible, a veces positiva otras autodestructiva/negativa. By Fernando La normalidad, ese fenómeno ilusorio, creado por nosotros mismos de la nada como principal vía de marginación, consistente en un proceso inexorable de asimilación de términos y conceptos como propios por la masa. Eso es para mí la normalidad, unos dictados de cómo vivir / comportarse originados por una abstracción de pautas e identidades de alineación originadas principalmente de la democracia/capitalismo y la moral cristiana, toda una enculturación de costumbres de índole reaccionaria y de conveniencia para el Estado, lo normal, lo que sigue la norma, que se lleva a cabo con el único pretexto de que: o ya se hacía antes (entramos en la llamada tradición) o lo hace todo el mundo (normalidad en esencia), por repetición. ![]() Así pues, la normalidad se ve identificada con la memez al dirigir a la persona por sus senderos de Nada, pero la cosa no acaba ahí, muy a pesar nuestra ya que no contento con sus millones de acólitos, ese funesto fenómeno ataca salvajemente a aquell@s que permanecen incorruptibles negándoles lo que tienen, el ser personas; porque l@s anormales ya no somos personas, ahora somos el macarra, la drogadicta, el vago, la guarra, el bicho raro y esperpéntico, la loca, el freak, la borde, etc., pero no personas porque no somos normales, porque, muy a pesar nuestra, nuestra imagen proporciona en las obtusas mentes ciudadaniles el miedo, el asco o el rechazo; y todo porque la normalidad ha calado hasta lo más hondo en el mundo, ahora tod=s somos para ell=s algo comparado consigo mism=s. Miran hacia su ombligo como punto de referencia y adjetivan a l=s dem=s según su ególatra punto de vista, todo se podía resumir en la máxima puesta en práctica por la gente normal: “Yo soy lo más normal, comparemos los grados de normalidad de l=s demás en base a mí”. Una gran incógnita se cierne ahora sobre nosotr@s l@s anormales y realmente marea sólo de pensarlo: ¿Cuál será nuestro destino? ¿Seremos encerrad@s al estilo de la Época clásica en un laberinto en el que en vez de un minotauro acosándonos tengamos a Al Salir de Clase? ¿Acabaremos como auguró John Huxley en su novela un mundo feliz programad@s para ser normales y felices, sin preocupaciones? ¿No ves la tele? ¿Crees que puedes vivir sin trabajar? ¿No quieres formar una familia? Pues ya no tienes cabida en el planeta, colega porque tarde o temprano acabarás por enloquecer o sumarte a toda esa mierda ya que no te dejarán ser como quieres. Resulta estremecedor e incluso paradójico observar la inversión de valores existente en el mundo, lo natural se identifica con lo anormal, el pensar está castigado y l@s sumis@s son la gente que nos llama extrañ@s. Seguid pues en la alineación nacida de vuestra estupidez y debilidad, normales de mierda y ahogáos en vuestro antes ficticio pozo de mierda, al que habéis dado forma con vuestra vehemencia ciudadana, aquella de la que patéticamente intentáis jactáos para no caer en vuestra mísera realidad, una realidad vital que está expirando sin que seáis capaces de detener debido a una estúpida fijación de ser normales, obsesionad@s con seguir siendo quienes golpeáis, y no l@s golpead@s, pensando, ilus@s que nunca caeréis en vuestra trampa. ![]() De un tiempo a esta parte varios dirigentes del partido popular me han realizado diversas felaciones, en un primer momento se mostraban algo reacios a que eyaculase en el interior de sus bocas, pero poco a poco les fui convenciendo de que no era algo tan problemático, una vez que sintiesen el semen en el interior de sus bocas tenían dos opciones: Escupirlo o tragarlo. Podría formar una familia y alcoholizarme para tener una excusa a la hora de golpear a mi pareja e hij@s o también buscarme un trabajo de ocho horas diarias a tres turnos durante cinco días a la semana para poder acondicionar mi automóvil con llantas de aleación, un radiocassete y unos altavoces de 1.800 euros y otros accesorios. También podría ejercer de la profesión para la que me han adoctrinado en la universidad (algo por lo que debo sentirme superior a la gente que no ha estudiado, solo faltaba) o ir a la comunión de mi primo vestido de una forma decente. Otra opción sería peinarme de una manera normal para no ir llamando la atención allá por donde paso. Creo que en breve sentaré la cabeza y maduraré, así dejaré de pensar tal y como hoy lo hago, me dejaré de tonterías y no soñaré despierto, me dedicaré a trabajar y a ser una buena persona como dios manda. Pero mientras llega ese tan ansiado día (sobre todo para vosotr@s) seguiré dejando de lado la hipocresía y seguiré siendo un ser anormal. GRULLA DE PELUTXE.
(Voz en off): ¿Qué es la normalidad? (Yo): La normalidad es una jaula que aprisiona nuestra mente y la vuelve cuadrada, que aprisiona nuestro cuerpo, que aprisiona nuestros sueños... La normalidad es resignarnos a nuestra dosis cotidiana de sufrimiento sin protestar, no crear problemas al Sistema. La normalidad es cargarse de hipotecas y de deudas para llevar el mismo nivel de vida que los Gutiérrez... La normalidad es ir esquivando golpes, estar deprimido los domingos por la tarde y levantarse el lunes por la mañana con mal humor... La normalidad es no dejarse “comer el coco” por algo que nos haga pensar un poquito, mirar con indiferencia la miseria que hay a nuestro alrededor... La normalidad es estar montados en un tren que no va a ninguna parte. Vivir sin vivir una vida gris y previsible, rodeados de falsas seguridades y posesiones inútiles, hasta que ya es demasiado tarde para cambiar... La normalidad es salir todos los días a la calle con la máscara puesta, esconder nuestros sentimientos, reprimir nuestros anhelos más profundos, sacrificarlo todo para nada, es decir, tan sólo para llegar a ser uno más de la gran masa uniforme y gris, llevar una vida sin sobresaltos, con pasiones moderadas... La normalidad es calor y seguridad, el calor de las bestias que se arraciman unas contra otras, la seguridad de la nada más absoluta, la seguridad del esclavo, la seguridad de la muerte en vida... La normalidad es aceptar la derrota sin luchar siquiera... La normalidad es producir más y más, no importa qué, no importa para qué, generar necesidades artificiales, estimular la competitividad, aplastar al débil... La normalidad es tener relaciones afectivas “estables”, heterosexuales, monógamas y ... a ser posible, bendecidas por la Santa Madre Iglesia, no porque seamos cristianos, no, no es por eso, sólo porque es más “bonito” y así, de paso, les damos una alegría a nuestros pobres padres... La normalidad es seguir la moda, pensar y hacer lo que es “guay” en nuestro grupito de amiguetes (sea progre, facha, verde o amarillo) y cambiar de camisa cuando ya somos demasiado “maduros” para “andar con esas tonterías de chiquill@”, ya hemos sentado la cabeza, por favor, tenemos hijos, responsabilidades... La normalidad es llevar una venda en los ojos sin saberlo, dar vueltas en círculo como un burro atado a una noria y creer que somos libres... La normalidad es la lucha feroz por la supervivencia, en la que no hay lugar para los “débiles”... ![]() La normalidad es aplastar con rabia las flores más sensibles y delicadas, y venerar a los “grandes” y poderosos... La normalidad es tener hijos sólo porque todo el mundo los tiene, y no queremos que nos tachen de inmaduros y egoístas, y porque, a fin de cuentas, ¿no es eso “lo normal”?... La normalidad es ser un individuo “infelizmente” integrado, productivo, que sabe hacer en todo momento la elección “justa” que conviene al Sistema, que sabe aparentar y convencerse de que es libre siendo un esclavo, aparentar simpatía cuando siente odio, que sabe reír cuando “toca”, que conoce en todo momento cómo debe comportarse, lo que es correcto y lo que no lo es... La normalidad es perseguir y encerrar a los delincuentes (pobres), a los “enfermos mentales” (sin recursos), a los vagabundos (sucios), etc. y ensalzar a los delincuentes (ricos), a los excéntricos (ricos) y a los golfos (ricos)... La normalidad es tomar antidepresivos, tranquilizantes, somníferos, aspirinas, etc. y comprar cosas, consumir más y más, para calmar la inquietud, la ansiedad que nos corroe por dentro, la sensación de vacío, la náusea... La normalidad es rutina, resignación, mediocridad, sumisión... La normalidad es comer mierda todos los días y estar agradecidos por ello... JOSEP PLANAS.
PARA GENTE NORMAL. Suena el despertador, es lunes por la mañana. Me levanto para ir al trabajo (algunas personas pensaran: ¡Que suerte que trabajas!). A duras penas llego al baño y después de orinar, lo cual es un alivio, me miro al espejo mientras me desvisto para ducharme. Observo mi cuerpo y por él si pasan los años. La flacidez en ciertas partes, la barriguita prominente de las muñecas de Famosa (¡lo siento!, en mis tiempos no había Barbie, y si la había nunca llego a mi casa). ¡Y que decir de las patas de gallo, para que luego digan que la arruga es bella!. Después de acabar la ducha con agua fría (no porque siente bien al cuerpo, es que se acabo el gas), voy corriendo a la cocina a sorber el café antes de vestirme. ¡Diantres, como quema!. Me visto con urgencia y salgo a coger el autobús. El chofer me mira con cara de pocos amigos y antes de que me siente, arranca con ímpetu propio de quien lidia diariamente con el trafico y el reloj. Intento relajarme acurrucándome en el asiento para sentir el calor de mi cuerpo, pero el ruido de fondo me distrae momentáneamente. La radio cuenta que en no sé dónde a muerto una mujer a manos de su ex, que Bush quiere dar un apretón a Irak (¿será un abrazo amistoso?), que las gotitas de aceite juguetean con las olas por las costas gallegas, cantabras y vascas,... vamos la misma música de fondo de todos los días. Dormito junto a la ventanilla hasta que el primer puñetero rayo de sol me da en el ojo. Observo el color anaranjado del cielo y diría que hasta es bonito, si no fuese por la chimenea grisácea de la fábrica. Bajo del autobús y saco la tarjeta de fichar. Mientras espero mi turno ojeo el tablón de anuncios con sus carteles llenos de colores... no me preguntes que dicen, son tantas las letras por leer que con la sección de deportes del periódico o las revistas del corazón ya tengo bastante. Paso las horas en el taller, en la oficina, cargando ordenes, miradas y palabras en mi mochila, descargándolas con el/la imbécil que tengo al lado. Esto es el trabajo en cadena. Fugaz almuerzo, ya que cuando mejor nos lo pasábamos charlando, las agujas del reloj nos indican que hay que volver a ser productiv*s. ¡Qué ganas tengo de que den las tres!, y este ruido que no cesa. ¡Por fin en casa, que filetazo me voy a meter entre pecho y espalda!. Necesito ruido y como no tengo prole que mantener (¿me sonríe la fortuna?), enchufo la tele para ver el resumen de GH, que estos ruido sí, ¿y nueces?... Creo que me he dormido, a juzgar por la postura en la que me encuentro en el sofá. Voy a prepararme y dar una vuelta. ¿Iré de potes o de tiendas?, el caso es despejarme. ¡Que buenos estos raticos de risas y chascarrillos con una cañita y los colegas, ese café con leche e ir de tiendas con las amigas!. Y así se me va la tarde. Vuelta a casa, a la cena y a la tele. Hoy veré a los chicos y chicas de OT, tengo verdadera intriga por saber a quien echan y a quien nominan y ¿quién se salvara?... Con un párpado medio cerrado veo la ultima actuación de la gala. Me levanto y a duras penas llego al baño. Me miro al espejo mientras me lavo los dientes y mi cara es una mascara cómica entre cremas relajantes y anti-ojeras. Pongo el despertador y pliego la oreja hasta que mañana suene. Pero eso será mañana. Esto que has leído es un día típico y tópico de una persona NORMAL y corriente. Si crees que no se corresponde con TU REALIDAD te propongo un juego. Léelo una vez al día durante una semana y anota las coincidencias con tu realidad. Al finalizar la semana igual te sorprendes con las coincidencias. P.D. Llegara el día en el que queramos reaccionar ante los acontecimiento (externos e internos) y nuestro ser este tan atrofiado que apenas llegue a pestañear. Entonces sufriremos la larga agonía de quien quiere y no puede porque tiene verdaderas limitaciones. Ese será nuestro castigo, consumirnos con la impotencia. AUN ESTAMOS A TIEMPO.• ![]() ANORMALIDAD
Bueno, Xabi, ya nos vemos, que he quedado con la cuadrilla en el gaztetxe para echar unas cañas y llego tarde... Una vez ya en el gaztetxe... -Aupa! Llego tarde porque me he encontrado con Xabi por la calle. -Siempre tienes alguna historia para excusarte. -Calla, calla, para historias las que les he oído a tres flipados cuando estaba echando el café... Estaban discutiendo sobre no se qué..., cada uno con su pedrada, pero parecía que discutían sobre lo mismo. El primero no sé qué ostias decía sobre un pavo que salía de la cárcel, le daban una bolsa con cosas raras... como si fuera en el futuro... no sé. Son las 12:00 a.m. me dan una bolsa con todas mis pertenencias; una tarjeta euro-bit un escáner de mano, y mi DPI. Me hacen firmar en una paleta digital y se abren las puertas correderas, un pasillo largo con varias cámaras de vigilancia van siguiendo mis pasos hasta la puerta que conduce a la calle Esta vez han sido 3 meses en la cárcel privada de segurpro; el delito “manipulación no autorizada del Dispositivo Personal de Identificación”, nosotros lo llamamos DPI; no pudieron probar que lo hiciera yo y por eso solo fueron 3 meses, pero la próxima vez estarán más atentos. El DPI es el dispositivo estándar que se necesita para poder circular con normalidad por la mayoría del los distritos, para poder comprar con normalidad en la mayoría de los lugares que vendan algo, para poder comunicarte con quien sea o con lo que sea, pero sobre todo para poder identificarte. En diferentes puntos de cada distrito se encuentran localizadores que tienen conexión directa con los DPI, de esta manera saben con exactitud cuántas personas están por el distrito. Si no se tiene permiso para poder estar en el distrito se activan las alarmas de la seguridad privada, la policía del estado ya no existe desde hace un par de décadas, no era rentable. Mi dispositivo es del tamaño de una antigua tarjeta de crédito; es el modelo de serie, obligado por el sistema después de las graves revueltas del Berlin. Las grandes compañías y los estados decidían en la cumbre de Berlin 2028 si se tenía que poner en cuarentena a 15 países de África. Las graves pandemias que azotaban África desde hacía décadas y el poco interés de los países ricos provocaron que una de cada tres personas de estos países estuvieran infectadas de alguno de los virus más letales, como una nueva mutación del sida, un virus que se había erradicado casi por completo en la mayoría de los países del “primer mundo”. Pero la solución con un coste tan elevado no era accesible para países como Nigeria, Uganda etc. La cuarentena era en realidad el cierre de las fronteras y el control de las mismas por el ejército de la nueva ONU (compuesta tanto por países como por las grandes multinacionales que después de muchos debates pudieron comprar a los países más pobres para que lo aceptaran) con la única orden de no dejar salir a nadie del país. En esa cumbre, como ya se venía haciendo desde el principio del 2000, se convocó una contracumbre para protestar contra la barbaridad que pretendían, pero no se había legalizado ningún acto, querían evitar disturbios. El resultado fue catastrófico, más de cien muertos, cerca de 500 heridos y unas 2500 personas detenidas, muchas de las cules no tenían nada que ver con la contracumbre. Esto provocó una alarma social y la ciudadanía exigó soluciones para evitar situaciones como la de Berlin, ![]() Les costó un par de años dar con ella, y eso que la tenían enfrente de sus caras, necesitaban un sistema que les permitiera el control total de cada individuo. Un método que supiera con exactitud la posición y lo que estaban haciendo cada uno de esos individuos, en pocas palabras: necesitaban que cada individuo llevara su propio gran hermano en el bolsillo. Se dieron cuenta que con la salida en el 2010 de los móviles de tercera generación ya tenían mas de la mitad resuelto. Esta tecnología permitía el envió de vídeo con voz en tiempo real a cualquier parte del mundo, la posibilidad de hacer compras en la antigua Internet como en las nuevas redes privadas; pero el uso de esta tecnología era solo para unos pocos privilegiados Para el 2032 todo el que quiso pudo hacerse con uno de estos aparatos, las propias administraciones con la ayuda de las diferentes empresas en telecomunicaciones (en muchos casos no se diferencian unas de las otras) decidieron crear una campaña para que todo el mundo que quisiera pudiera tener uno y con coste cero no sólo en el aparato sino también en el uso. “Es la primera vez que ocurre algo parecido” decían los eslóganes; el único requisito era que el dispositivo fuera personal e intransferible y eso lo conseguían haciendo que el aparato sólo funcionara con la persona que lo había dado de alta. Fue toda una revolución tecnológica. Las posibilidades eran increíbles, se podía acceder a cualquier parte del mundo desde un aparato con el tamaño de una tarjeta de crédito. Por supuesto las clases pudientes tenían que destacar, y salió la versión “Deluxe”; no era otra cosa que en formato -implante subcutáneo con conexión directa al nervio óptico-; el coste era increíble pero las ventas también, el Wareable por fin era una realidad y de esta manera las grandes compañías pudieron recuperar mucho del dinero invertido. Claro que no todo el mundo quería hacer uso de esa flamante tecnología, muchos pensábamos que era una manera perfecta de control, además de un control total; pero también lo tenían pensado. La administración-tecnológica no hizo nada, fue la propia ciudadanía la que empezó a exigir que todo el mundo tuviera que tener el DPI ya que era la única manera de saber con quién estabas tratando, pues el DPI no mentía (y en eso tenían razón). Cuando te encotrabas con alguien el DPI se conectaba con los dispositivos de la otra persona y te sacaba un listado con los datos mas relevantes (muchos sólo accesibles para la administración y las empresas que pagaran): nombre real, profesión, situación económica, enfermedades de interés público... De esta manera tú decidías de antemano si querías entablar algún tipo de relación con la otra persona; era perfecto pero, claro, el que no disponía del DPI estaba fuera de esa norma, y eso no se podía tolerar. Se empezaron a crear campañas para la obligatoriedad del DPI en muchos países; en otros con líneas democráticas progresistas no podían obligar a algo como eso, pero tampoco podían evitar que para poder acceder a muchos lugares se exigiera el Dispositivo. Ahora acercándonos al 2050 si quieres formar parte de la sociedad tienes que tener un DPI . Pero la calle dará su propio uso a la tecnología. -Joé, sí que son flipaos, el futuro no va a ser así, sí que se le iba la olla a ese tío. -Bua! Pues si oyes al segundo flipas, era un pesado que empezaba diciendo que la normalidad era muy pesada...2,8 La normalidad es muy pesada. Tiene una gran capacidad para aplastarnos, para hundirnos en profundidades y abismos sin fondo. No nos deja salir a esa superficie en la que las cosas acontecen, en la que simplemente es posible la novedad, en la que todo es contingente, y por tanto negociable, en la que las cosas no están pautadas por la alianza entre el yunque que aplasta y la grieta en la que nos hundimos. La normalidad se alimenta de esta alianza. Es una alianza que se presenta con mil caras y caretas, en su baile de disfraces. Es la alianza entre lo natural y lo reglado, la alianza entre las tripas y los universales, la alianza entre las profundidades y las ideas... Al fin y al cabo, la alianza entre el ser y el deber ser, pero entre un ser cavernoso y repetitivo y un deber ser que planea sobre nuestras cabezas y que sólo desciende para renovar su contrato con las cavernas, su contrato por la normalidad. El contrato es, al fin, un armisticio, un tratado de paz para que no haya más desencuentros entre lo abstracto y la sangre. Pero la paz sale muy cara, por ella se sacrifica el pensar, ya que se le pone reglas, límites, altos muros más allá de los cuales no se puede mirar ya. ![]() La alianza se desvela cuando nos preguntamos simplemente qué es la normalidad. Por un lado lo normal es lo que se encuentra en su estado natural, lo habitual, lo usual, contrapuesto a lo anormal como lo extraño, lo excéntrico, lo deficiente e incluso lo monstruoso. Pero por otro lado lo normal es lo que sigue la norma, lo normativo, lo que se adecúa a la regla, lo que debe ser, contrapuesto a los fantasmas y las antiutopías. La única lucha contra la normalidad que no esté condenada al fracaso es la que trata de romper los muros que nos separan de lo otro, no la que los intenta saltar ni la que hace un túnel subterráneo. No se trata, pues, ni de plantear ideales o utopías, ni de ser fagocitados por nuestro propio ombligo. Ni universalismos ni identidades. Las utopías son religiones secularizadas que despotencian al horizonte de su potencia subversiva cuando le dan forma. Son un deber ser aliado desde el principio con el ser, porque en ellas lo diferente ya no es lo otro, sino lo mismo de diferentes colores, cortado con el mismo patrón. Así, con ellas la alianza que da origen a la normalidad se mantiene intacta. Las identidades tampoco solucionan nada porque se alían desde el principio con su propio reflejo elevado a la condición de ideal. Van y vienen de su ser a su ideal, pero el camino es un círculo que cada vez se cierra más. Tampoco abren mundos, más bien nos condenan a esencialismos estériles que no suponen una amenaza a la normalidad. La lucha contra la normalidad intentará romper la alianza, teniendo siempre en cuenta que de lo que se trata no es de hacer nuevas tiradas, sino de jugar a otra cosa, porque no es que no gusten las formas viejas de jugar, sino, más allá, que el juego mismo aburre. Quizás no se pueda decir más, porque sus caminos todavía no están definidos, siguen líneas abiertas. -¡Pues para pesado él! -Seguro que el típico intelectual de turno, estudiante de filosofía, que se piensa que con la teoría va a solucionar algo y se dedica a buscar los juegos de palabras más extraños para decir tonterías. -Pues la última era una tía de Iruñea que me suena su cara, y es la típica guay contra todo; que intentaba enlazar lo de los otros dos flipaos con Pamplona, alucina! ![]() Hablar de la normalidad en una ciudad como Iruñea me supone un abismo personal bastante grande, un abismo por ponerme frente al atolladero social en el que vivimos, porque lo que yo comprendo por normalidad puede representarse con la vida en Iruñea. Esto me ocurre porque creo que el criterio de normalidad en las sociedades occidentales sólo puede estar concebido como herramienta disciplinaria, como control sobre las personas ejercido por mecanismos de muy diversa índole que alcanzan todas las esferas de la vida; esto es disciplina horaria, laboral, afectiva, sexual, de los deseos, de los saberes, de las relaciones. Me pierdo en intentar comprender el significado de la normalidad, por eso no puedo hacer una relación de todos los aspectos sobre los que podemos aplicar el concepto de normalidad, tampoco de los mecanismos de control desarrollados socialmente para mantener a las personas a raya; sólo puedo llegar a comprender el significado de normalidad tomando un ejemplo de vida, su aspecto más concreto: la vida en una ciudad no muy grande en una sociedad pequeña donde este corsé aprieta más que en otros lugares, donde las líneas de fuga tienen que desarrollarse de modo individual. Lo primero que percibo al acercarme a la vieja Iruñea es la casi inexistencia de ciclos de vida autónomos construidos al margen de horarios laborales, vivimos en una ciudad que es como un reloj, todo el mundo entra y sale a su hora, come cuando tiene que comer y se divierte cuando se tiene que divertir, ni antes ni después. Horarios que recuerdan en exceso al orden franquista y poco se parecen a los primeros ochenta en los que el paro juvenil dio al traste con el orden de algunos grupos. Si nos adentramos por las calles vemos que las tiendas dan la entrada y la salida a las personas que pasean por lo viejo, y los bares dan vida nocturna a otras zonas en otros horarios, pero no tenemos más esperanza. Si huimos de esta zona tenemos un panorama más desolador, una ciudad llena de coches más que de personas por todo el ensanche, y una zona llena de avenidas concebidas al estilo más puramente soviético en todos los barrios de clase media. Los barrios tradicionalmente más duros también se han convertido en un show, casas nuevas para todas las familias a precios prohibitivos, y ni rastro de espacios para la memoria colectiva; ni fábricas, ni plazas, ni descampados Y también la nueva Iruñea; nuevos espacios de ocio y consumo por doquier, abiertos todo el día, en los que el espectáculo vital está servido; en los que llenamos las horas muertas, incapaces de imaginar nuestras propias vidas, las compramos y punto. Pero aún hay más, no nos engañemos, Iruñea ya tiene dimensiones que se extienden por toda la Cuenca y Zona Media, miles de chalets que se van construyendo en urbanizaciones individualistas para nuevos ricos, y no tan ricos. Destrozamos el medio para vivir mejor en casas con dos metros cuadrados de césped, al más puro estilo americano importado sin criterio ni imaginación, dando paso a una vida más individualista si cabe, haciendo ricos a constructores P.T.V. Me sorprende también la falta de autocrítica y cinismo entre la población, especialmente entre la gente que se cree que piensa algo. Ni un debate público honesto de ningún tema, no vaya a ser que toque la fibra sensible de alguien y nos enfademos; incapacidad de autoorganización en aspectos que nos afectan a tod@s; miedo a conocer lo que se hace en otros lugares, miedo a pensar que lo que hacemos puede estar mal y puede mejorarse; miedo a leer y debatir, a hacer pintadas de más de tres líneas o carteles argumentativos. Será que nos pesa eso de que hemos sido una ciudad de lo más luchadora: movimientos obreros, sindicatos, ikastolas, cooperativas, movimiento feminista, asociacionismo, curas rojos, insumisión.... y eso se nota; la gente es super progre, hay mogollón de manis y somos l@s más solidari@s. Pero tampoco estamos tan mal, tenemos nuestras tradiciones porque somos un pueblo, y eso no lo puede decir cualquiera: tenemos la normalidad sanferminera (¡no hay otra fiesta igual) en la que aprovechamos para romper con la rutina en la que el curro nos chupa la vida y la imaginación; porque ya se sabe, en sanfermines hay que pasárselo bien, hay que ser varón para tener un espacio público de reconocimiento, hay que emborracharse, drogarse, y divertirse. Y no se pueden cambiar, hay que seguir siempre igual porque romper con la tradición es pecado, tenemos que respetar las tradiciones y construirnos en ellas, no vale criticarlas porque sino, qué nos queda. -Ya les veremos con treitantantos, dos hijos, hipoteca y vacaciones en Salou. -Va tía! ¿Porqué has aguantado tanto tiempo escuchando a esos anormales pudiendo aprovechar tu tiempo haciendo algo más normal?!!!! -20 euros de bote, y qué quieres ¿caña?
lo más importante que se aprende es que se puede ganar! Contactos: nocurres@yahoo.es |