Taller vida y prácticas cotidianas

Pensando en nuestra cotidianeidad... pensando insólitamente

El presente es un mal trago que hay que tomar cuanto antes porque el futuro ya viene. La cotidianeidad es insulsa, nos repiten con insistencia los/as funcionarios/as del porvenir, y añaden: el futuro está lleno de oportunidades y expectativas, abandona tu vida y persíguelo. Nos preparamos y trabajamos, pero también trabajamos para prepararnos y nos preparamos para trabajar; incluso, con frecuencia, nos sacrificamos (inmolados/as y autoinmolados/as en pos de un más allá), para obtener un futuro mejor que aquel que todavía no hemos alcanzado... y el futuro se nos aleja cada vez que creemos estar llegando a él. La promesa de futuro nos constriñe, pasando de perseguidores/as a perseguidos/as: nos acosa, nos apremia, nos hostiga, nos hace olvidar el presente; es decir, nuestras vidas y nuestra cotidianeidad, la condición de posibilidad de crear espacios de transformación social.

La universidad, como institución programada de estudio y de trabajo, es un agente estructurador de dicho futuro. A unos/as nos urge a titularnos, a otros/as nos insta a trabajar para que la máquina institucional no se detenga. A todos/as, nos exhorta a que dediquemos nuestro esfuerzo a aquello que vendrá: la tierra de promisión, fecunda y exuberante al modo que la describen los versículos de las Sagradas Escrituras de Wall Street. PAS, estudiantes, profesorado, deambulad, transitad tranquilamente por la universidad, aquí dentro todo está ordenado: cada uno/a en su sitio y un sitio para cada uno/a. Todos/as somos diferentes: tu, PAS, a tu gestión, si te esfuerzas podrás promocionarte, no te metas en líos; tu estudiante, tampoco te metas en líos, estudia y podrás acceder al mundo real, ¿qué son 4 años por un título que podrás colgar en la pared de tu casa el resto de tu vida?; y tu profesor/a, tu pídele al PAS lo que necesites, forma el espíritu de los/as estudiantes, crea conocimientos útiles a nuestra sociedad e impártelos con la audacia que te proporciona la posesión de la verdad, en ello se juega tu prestigio. Pero, también, todos/as somos iguales: nos equipara el futuro, la carrera hacia el abismo, que gane el mejor...

La idea de futuro, inaccesiblemente inmediata, nos impregna a cada momento, introduciéndonos en sus formas y contenidos. La universidad, con sus espacios restringidos y sus actividades programadas, engendra dispositivos de disciplinamiento que dan cuenta de nuestro propio vivir. Espacios ordenados: las aulas, los despachos, los pasillos, los bares, las salas de estudio, las áreas de descanso... Espacios ordenados para relaciones ordenadas y dirigidas, separación espacial de la pesadumbre y del disfrute; la arquitectura como gobierno. Actividades programadas: organización del tiempo; determinación de planes y programas; distribución regular de descansos para el regreso eficaz a las aulas, despachos y oficinas. Multiplicación de dispositivos disciplinarios (jerarquías, miradas, saberes, actos, normas, sanciones...) que se instalan en nuestros cuerpos, confinándonos y convirtiéndose en el pleonasmo inadvertido que nos instruye en las reglas inexorables que rigen el mundo, nuestras vidas. La escuela, la universidad, la fábrica, el cuartel... la paradoja encierro para alcanzar la libertad.

Diversas son las formas que puede tomar el disciplinamiento pero, es cierto también, que son mucho más eficaces en la medida en que no se inscriben como prescripción, sino como forma habitualizada de ver y hacer las cosas, cuando aparecen cinceladas y cincelando la vida cotidiana. Cada vez que los/as estudiantes entran en un aula a cumplir la pena como acusados de ignorancia; en cada examen donde se contabiliza y domestica el conocimiento auténtico; en las incitaciones hacia las estrategias de motivación en el estudio y en el trabajo; en el perfeccionamiento de las técnicas de instrucción y formación; en la promoción e instauración de las pedagogías psicologistas; en las relaciones jerárquicas; en los valores patriarcales; en el deber; en la autoridad; en la vertebración del aprendizaje según las edades, las funciones y la eficacia que reclama el sistema.

Si repasamos nuestra cotidianidad podemos encontrar cómo los dispositivos disciplinarios están infiltrados en nuestra vida y los reproducimos y amplificamos a través de nuestras relaciones cotidianas: dormimos cuando está estipulado dormir y, suena el reloj despertador... ¿nos transportamos o nos transportan? ¿aprendemos o nos aprehenden? Nos forman para el trabajo, nos intimidan para aceptar jerarquías y autoridades, nos retribuyen con el resultado de los exámenes y con promociones en el escalafón, nos subvencionan o nos desaprueban... competición, jornada excesiva, pérdida de autonomía y relegación a la privacidad; tal vez somos mercancías en el anaquel de la oferta y la demanda, de la novedad permanente y del etiquetaje incomprensible pero embaucador, instalados en la gran superficie en la que hemos convertido la sociedad. Es mediante las prácticas cotidianas cómo participamos en la creación de nuestro encierro, cómo sostenemos toda esta arquitectura que es la que constituye nuestra vida; vida rutinaria y monótona arrastrada por el futuro. La universidad no es una abstracción, nosotros/as mismos (PAS, profesores y estudiantes) constituimos su engranaje, ofrecemos la corporeidad a la rutina disciplinaria mediante nuestras propias prácticas cotidianas.

Las prácticas cotidianas son la gran fábrica de la realidad, de la vida. Mediante las prácticas creamos el vivir, nuestro vivir actual. Eso es lo insólito de la cotidianeidad, de nuestra vida, del aquí y el ahora: está producida por lo que hacemos y por lo que decimos.

¿Podemos crear otro vivir diferente al actual? Queremos creer que sí, pero es un sí que no está condicionado ni subordinado al futuro, sino sostenido por el hacer haciendo, por la creación de sentido y por la acción significativa del día a día, por la cotidianeidad. Creemos que esto sólo es posible concibiendo la cotidianeidad desde lo político, no desde la política administrada por los técnicos y gerentes profesionales que prefieren la llegada a los viajes. Lo político como acción compartida, espacio antagonista de cooperación que nos arranque de esta condena a una existencia privada.

De vida cotidiana es de lo que queremos hablar, PAS, estudiantes y profesorado, en este taller, horizontalmente, con singularidades pero sin distinciones: de nuestros malestares y satisfacciones, de qué hacemos y no hacemos, de qué queremos y no queremos hacer, de los dispositivos de control que nos encierran, de la separación tramposa entre universidad y sociedad, de cómo la jerarquía y la autoridad nos consumen, de la producción y de la impartición del conocimiento y, en definitiva, de encauzar la disidencia pensando la cotidianeidad... pero pensándola insólitamente.