1  Un volcán sin nombre en el Atlántico

Anochecer tras la celosía

Anochece, con impaciencia espero y me levanto,
Voy y vengo, inspiro y mi abdomen queda bloqueado.
El espejo en la pared me llama y yo me miro en él,
me veo en rostro que me resulta ajeno a pesar de siempre el mismo.
Estoy atrapada y el juez sentencia que la única salida es el tiempo,
abro el libro a través del cual espero colarme,
es un butrón en el espacio hacia un lugar más amable.

Las palabras son más bien baches que logran impactarme mientras el autobús sigue su curso.
No me dejo detener por las lineas de texto justificado,
este transporte no me deja solicitar la siguiente parada.
Cierro el libro, la megafonía anuncia en tono solemne palabras que no logro distinguir.
El mensaje se repite pero mi concentración es quebradiza como la punta de un portaminas de 0.5 mm.
La voz magnificada desaparece dejándome perdida en mi pompa de jabón.
El silencio se convierte en la única realidad que puede tocarme delatando mi turbulenta existencia,
riño con todas esas nubes y les grito sin poder hacer vibrar mi garganta,
la boca se abre dejando escapar mi calor corporal.
Me rindo, caigo de rodillas y miro hacia abajo reconociendo mi equipaje.
Una mochila casi hueca que lleva la ilusión de ser cargada de sueños a la vuelva,
También llevo el cuaderno de viaje, escribo:

Ciega realidad, si vieras lo que veo
Serías la misma, por eso te creo
Vibra una cuerda, será estoy feliz
La nota dispersa, espero llegue a ti

Caminar nunca fue solo caminar

… es una columna de dos rosales que crecen y se enroscan, dos poemas que se entremezclan sobre el mismo eje, nuestro camino.

Nota

Este poema lo grabamos mi amiga Virgina (La niña de la calle) y yo, juntas fuimos ganadoras del concurso PALABRASound-Camino 2024 y actuamos en la gala final en Viana, Navarra.

Contigo empieza mi camino.
Camino que ando, camino que dejo
Sin ti no hay rumbo ni destino.
Sola aprendo, contigo integro

Una dirección y dos sentidos,
contradicciones y contratiempos
entre tus pasos y los míos.

El tiempo ahora yo lo aprecio,
desde que el sol es el despertador y el viento nuestro manifiesto,
desde que dejé de sentir la notificación como parte de mi cuerpo.

Ahora, son la fatiga y la euforia que me dan tanto que decir
sobre las penas y las glorias del largo camino del vivir.

Y viviendo en cada paso hace que me conecte más con el suelo que con mi mente,
más con el tacto que con el táctil,
con lo radioactivo de la praxis sobre lo que es vivir en silencio sin estar ausente,
sobre lo que es compartir el silencio estando presente.

Una delante y la otra detrás, sobre este escalón me giro para preguntarte, ¿cómo estás?
—Mira las vistas —y yo miro
que mucho hemos subido con nuestro ligero caminar,
ya pronto encontraremos el nido donde por hoy descansar.

Porque caminar también es descansar,
porque caminar nunca fue solo caminar,
nunca nada es tan simple eso es demasiado complicado
caminar es no reprimirte, es avanzar, aceptar cambios, saber de donde viniste,
es elegir dirección y propósito como la abolición o cualquier revolución que esté en nuestra manos,
porque tenemos manos y con ellas no andamos pero abrazamos, atamos, hacemos fuego y si hace falta construimos nuestros propios atajos.
Que no hay más camino que ese, nuestros apaños:
manzana con pan,
pal frío camping gas,
un níspero entre barrancos,
hablar pa’ curar,
ropa presta,
inventos de palo y barro.

Y te canto
y me cantas,
y te escucho
y me encantas.

Finaliza otra etapa
y mañana será otro día con un nuevo despertar,
empezando por contarte lo que acabo de soñar.