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Por qué Nodo50 ha dejado de interesarme
by Marga

El proyecto político Nodo50

En esta modesta genealogía he intentado destacar cuáles han sido, a mi juicio, los hitos más significativos en el devenir de Nodo50 hasta convertirlo en un espacio imposible para el desarrollo de nuevos proyectos del tipo SinDominio (que no, por supuesto, para otro tipo de proyectos). Qué pasa en Nodo50?
Desde mi punto de vista, el bloqueo que actualmente amenaza a Nodo50 obedece a una especie de punto fijo, un invariante que al mismo tiempo que ha servido para desarrollar e impulsar enormemente el proyecto, lo ha limitado y despotenciado: a ese invariante lo voy a llamar una relación instrumental con el ciberespacio[5]. Dicho en otras palabras, una cosa es que nos parezca interesante utilizar Internet como una herramienta para el desarrollo de las comunicaciones, comunicaciones que podrían producirse de otra manera pero que entonces serían más lentas, más caras, más vulnerables o más ineficientes y otra cosa muy distinta es que nos parezca interesante construir Internet. En la propia propaganda escrita de Nodo50 leemos: "Este proyecto trata de ser una herramienta de trabajo para mejorar las comunicaciones de todas las organizaciones e individu@s progresistas que quieran obtener una información alternativa".
Por haber participado y trabajado en Nodo50, y de alguna manera haber contribuido a desarrollar esa herramienta de trabajo, he tenido ocasión de conocer de cerca diversas maneras de entender el ciberespacio. La diferencia entre una relación instrumental y una relación constructiva no es un simple matiz para rizar el rizo. Se trata de un aspecto crucial en lo que respecta a la manera de acercarse a los retos tecnológicos, económicos y organizativos que el proyecto plantea pues, si Internet es una herramienta, entonces abordamos esos retos con criterios de facilidad, baratura y/o eficiencia, mientras que si lo que queremos es construir Internet, entonces debemos dotarnos de criterios de valor internos a eso que estamos construyendo, criterios inmanentes, específicos del medio y que, tal vez, pongan en cuestión otros valores más tradicionales.

La estructura social y los modelos comunicacionales

En el artículo "Debate político sobre la comunicación", publicado por SODePAZ en el núm. 14 (marzo de 1998) en la revista De Sur a Sur (revista andaluza de solidaridad, paz y cooperación) escrito por Armand Mattelart/Jean Marie Piemme, podemos leer: "Los modelos comunicacionales no explican la sociedad, sino que es la estructura social la que explica los modelos comunicacionales. Así pues, la dificultad de hallar una comunicación alternativa es correlativa a la dificultad experimentada por las grandes fuerzas históricas en lucha contra el capitalismo para producir nuevas formas de relación en el seno de sus organizaciones y en general en el seno de la sociedad global".
Pues bien, esta correlación entre el espacio virtual y el espacio material (no quiero llamarlo real pues lo virtual también es muy real) es lo que está en discusión ya que, si bien es cierto que a través de esta correlación entre estructura social y modelos comunicacionales se introduce en éstos el antagonismo (negatividad, resistencia, lucha de clases o como queramos llamarlo) que los aleja de la relatividad postmoderna, también es cierto que esta correlación niega cualquier posibilidad de autonomía para esos espacios comunicativos y, al negar la posibilidad de autonomía, no entiende el deseo de construirla.
La pregunta sobre si el ciberespacio permite una experiencia específica de autonomía sólo puede ser una pregunta activa hecha desde dentro de esa experimentación pues, de otro modo, adoptaría la mirada quirúrgica de sociólogos, antropólogos, psicólogos o demás bomberos de lo social.
Entre usar Internet y hacer Internet hay una distancia (distancia que se abre cada vez que alguien piensa "qué puedo sacar de la red"? en lugar de "qué puedo aportar?"), al tiempo que hay una proximidad. Aunque son cosas diferentes, también son indisociables. Precisamente el uso masivo de Internet se hace funcional (al sistema), entre otras cosas, porque exige una cierta participación activa al tiempo que, paradójicamente, impone el justo grado de pasividad (tal y como requiere la construcción del consenso en las sociedades de control). No creo posible un uso de internet que no contribuya a su construcción. Pero puede haber, efectivamente, un uso pasivo y acrítico con lo que participar en esta construcción significa.
Por supuesto hay que reconocer a quienes desde el primer momento apostaron por utilizar esta infraestructura el mérito de haberla extendido y robustecido. Lo triste es que Nodo50 no haya podido aunar bajo un mismo proyecto maneras de usar Internet con maneras de construirla. De otro modo, ante la propuesta de SinDominio, la pregunta (totalitaria) por el sentido de SinDominio no se hubiera planteado, pues no tiene sentido desde dentro de Internet preguntarse por el sentido de un nuevo recurso, tal y cómo haríamos en el espacio material ante el proyecto de construcción de un nuevo pantano, autopista o vía férrea de alta velocidad por parte del Estado.

Lo específico del ciberespacio

Mucha gente se mueve en el ciberespacio para hacer cosas que sólo se pueden hacer ahí. Uno de los movimientos sociales que ha instaurado una especificidad en el ciberespacio es el movimiento por el software libre, con toda la discusión que introduce sobre la ilegitimidad de la propiedad sobre la producción inmaterial y, en consecuencia, la legitimidad de copiar lo que, por más que sus propietarios llamen originales, no son más que copias de copias. Otra gente, inventora-constructora de los ciberderechos, hace efectivo el ciberderecho a la privacidad en las comunicaciones desarrollando y haciendo públicos algoritmos de encriptación en una batalla contra el control social que puede suponer penas de cárcel bajo la jurisdicción militar de sus respectivos Estados[6]. Junto a estos movimientos sociales se desarrollan otras prácticas igualmente audaces y rompedoras, tales como la pornografía no sexista promovida, entre otras, por Helena Velena[7], o todas las formas de cibertravestismo junto a un sinfín de prácticas de cooperación social que no se ajustan a las formas clásicas de hacer política.
Así, esta primavera, en el italiano Hackit99 pudo discutirse una valoración ética sobre la legitimidad de atacar máquinas con medios maquínicos y/o humanos, en un debate que no podría producirse en los mismos términos si de la producción de daños materiales se tratara. En el sugerente relato de Julian Dibell "Una violación en el ciberespacio"[8], publicado en el núm. 27-28 de la revista El Paseante dedicado a la revolución digital y sus dilemas[9], una violación perpetrada en uno de los mundos digitales semificticios conocidos como dimensiones multi-usuario o MUD (al fin y al cabo una base de datos), abre una reflexión sobre las diferencias socialmente significativas entre los cuerpos online y los cuerpos físicos y, llevando al extremo la extraña idea de la violencia sexual inmaterial, interpela nuestras ontologías, epistemologías y éticas sexuales tardomodernas. Y esto son sólo muestras, indicios de lo que acontece en la red.
Al borde de un futuro en el que los entornos digitales quizás lleguen a ceñir o expandir? la vida tanto como hoy lo hace la arquitectura (por tomar un ejemplo material) o el dinero (otro ejemplo de mayor abstracción), no vale decir que el ciberespacio es sólo una herramienta para la comunicación, igual que no vale decir que la arquitectura es sólo una herramienta para el uso ordenado del espacio o el dinero es sólo una herramienta para la satisfacción de las necesidades.
El hecho de que a menudo operemos como máquinas-herramienta encarnadas que expresan, comunican y producen junto y en conexión con otras (en red) plantea nuevas ambiguedades, otras formas de placer y también de poder, otros lenguajes, otros sufrimientos. La posibilidad de construir sociedades online más libres que aquellas que están trazadas sobre la mierda, el cemento y el capital parece que es un hecho (al menos en éste nuestro primer mundo). Puede ser que esas sociedades online nos hagan más fuertes y desde ellas ataquemos con más contundencia la mierda, el cemento o el capital. También puede ser que la belleza de la luna digital reblandezca nuestros sesos, y su promesa de una felicidad postmoderna recubra y desdibuje esa mierda, ese cemento o ese capital. Pero lo que no puede ser es que la razón instrumental se imponga y que todas esas posibilidades nos sean ajenas y dejen de apasionarnos.

Las consecuencias de un modelo

En el ejemplo que me ha sugerido la conversación con una amiga, "pongamos el caso de alguien que participa en una lista de correo de la ECN. Por un lado tiene una relación instrumental con Internet porque usa la red para comunicarse. Por otro, su forma de comunicar es absolutamente distinta, se da con otro ritmo, otro espacio y otro tiempo a como podría darse de no existir Internet. Construye una práctica de asamblea permanente que atraviesa territorios geográficos y participa en la construcción de una comunidad. Interviene así en el panorama de los centros sociales italianos, pero también en la configuración de un uso de Internet, de un@s usuari@s determinad@s, contribuye a la constitución de redes que viven en Internet, con sus formas de vida, sus lenguajes, sus debates, y por tanto, participa, en cierto grado, en su construcción."
Las nuevas tecnologías permiten nuevas prácticas, pero el simple contacto con las nuevas tecnologías no es suficiente para modificar prácticas profundamente arraigadas en las viejas formas de hacer política.
El proyecto Nodo50 parece responder a la idea de que ciertos contenidos "de izquierdas" deben circular por Internet y, para que sean visibles, se les debe ofrecer un soporte técnico. Este punto de vista ignora que ese soporte es en sí mismo un contenido y que, en su construcción, cada decisión, cada elección, es una acción política, política en términos de relaciones de poder y de construcción de lo real, de lo posible y de lo que no lo es y, por tanto, cargada de contenidos, contenidos producidos por interactuaciones en el espacio material, pero también sobre la superficie del ciberespacio.
Las consecuencias de este punto de vista son evidentes: uso instrumental del software, relación clientelar con las/os usuarias/os, refuerzo de la cultura utilitaria y no cooperativa, ausencia del trabajo en red, estancamiento de la circulación de saberes y conocimientos, relaciones competitivas con otros proyectos (incluso dentro de IPANEX), construcción de la unidad de la izquierda como un bloque cuya hegemonía se pone en peligro por la proliferación... en definitiva, el bloqueo de un proyecto que no puede deshacerse de su estructura grupuscular-tutelada para hacerse en cooperación con otros.

Para terminar

Cuando me decidí a trabajar para Nodo50 quería, además de ganar algo de dinero, experimentar sobre la posibilidad de contribuir a la construcción de un centro social okupado poniendo la mirada (la energía, el entusiasmo, la concentración, el tiempo...) en un proyecto autónomo respecto del centro social. Los ritmos y exigencias de Nodo50, tan distintos de esa especie de agujero negro depredador de energía en el que a veces se convierten los espacios okupados, suponían un apasionante reto al que había que añadir la dificultad que para una mujer supone asumir tareas técnicas relacionadas con las nuevas tecnologías, dificultad que se manifiesta en la escasez de mujeres en entornos telemáticos (y que me pregunto si tal vez obedecerá a la decisión explícita de no asumir ese terreno como propio).
Este intento ha fracasado, pero no me arrepiento. En unos momentos de profundo desaliento, cuando debo recomponer todo un mundo de relaciones dentro y fuera del espacio que contribuyo a okupar, creo que, si hubo error, éste no estuvo en la decisión de cooperar con Nodo50, sino en esperar algo de ello.

mpadilla@sindominio.net


Notas

[5] El ciberespacio es un concepto creado por William Gibson en su extraordinaria novela de ciencia-ficción Neuromante (1984) y que fue inmediatamente adoptado por los hackers. En un sentido amplio, hace referencia al espacio de comunicación abierto por la interconexión mundial de los ordenadores y de sus recursos. Esta definición (de Pierre Lévy) comprende el conjunto de sistemas de comunicación electrónicos digitales (incluyendo el conjunto de redes hertzianas y telefónicas clásicas). Desde este punto de vista Internet no abarca todo el ciberespacio (aunque hoy por hoy es su expresión más extensa) sino que es el ciberespacio quien se sirve de Internet.
Hay quien dice que el ciberespacio, ese lugar tan virtual como real que requiere de un soporte tecnológico para poder ser, se inauguró con el lenguaje. Sea como fuere, ciberespacio no se refiere ni a Internet en particular ni a ninguna tecnología determinada y, por abstraerse de las diversas y cambiantes tecnologías concretas sobre las que se sustenta, permite una reflexión más abstracta.
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[6] Sólo a modo de ejemplo, entre otros muchos sitios podemos visitar http://www.kriptopolis.com/
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[7] Helena Velena está en http://www.helenavelena.com
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[8] No he encontrado traducción al castellano. El original en inglés A Rape in Cyberspace está en http://www.levity.com/julian/bungle.html
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[9] http://www.siruela.com/elpaseante/index.htm
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